¿Pa qué votamos, si las encuestas ya lo decían?
Artur Mas, president. El PSC, castaña que te crío. Si todo esto ya se sabía, ¿por qué hemos tenido que aguantar la campaña?

Cataluña está de resacón por la fiesta de la democracia que se marcaron ayer. Ha sido una de esas noches locas, como cuando te levantas y encuentras el piso lleno de conos de tráfico y un señor de Burgos en tu cama (sin ser tú una señora de Burgos, para entendernos). Montilla se ha levantado hoy y se ha encontrado un periódico que decía «Mas, president». Eso es, más o menos, lo que se vive hoy en Catalanolandia. Salvo por lo de levantarse Montilla. Montilla ya no se levantará nunca más, nos tememos.
El resultado ha sido: victoria avasalladora del nacionalismo de centroderecha (CiU), sin llegar a la absoluta, pero por poco; y hostión de los que formaron el Tripartito, en particular PSC y ERC. Exactamente lo que decían las encuestas desde hace mes y pico.
Lo que nos lleva a preguntarnos: si las encuestas ya predecían, poco más o menos, el resultado que ha acabado saliendo, ¿para qué ese absurdo trámite de ratificar la predicción en las urnas? ¿Para qué votamos?
Lo decimos de corazón, amigos. Era un domingo gris, y en la calle hacía frío. Era día de arrebujarse en el sofá con una mantita y ver una de Richard Gere. Pero no; la madurez democrática nos ha ido machacando cual Pepito Grillo al oído («hay quien ha muerto por tu derecho a meter una ristra de nombres de desconocidos en una urna, ¡vago ingrato! ¡El yayo vertió su sangre para darte voz en las instituciones!»), hasta que hemos hecho el sacrificio de bajar al colegio y votar la lista que nos daba menos asco. Total, ¡para que se dé el resultado que ya se sabía antes de empezar la campaña! ¿Para eso nos hemos puesto pantalones y abandonado el calor del hogar? Es más, ¿para eso nos tragamos la campaña electoral? ¡Pero si no ha cambiado nada!
Si la encuesta es tan fiable, ¿por qué no quedarnos con ella? Que todos los medios sumen esfuerzos, hagamos una macroencuesta, llamemos a todos los hogares para que no haga falta extrapolar, y listo. Eso sí, con responsabilidad. La gente, que tenga la reflexión hecha y el voto preparado. Si han de empezar en plan «María, que aquí hay un señor que dice que si votaríamos al Mantilla», nada, eliminados, voto en blanco. Los deberes se han de traer hechos; hasta ahí podíamos llegar.
Una proposición aún más atrevida: Televisió de Catalunya hizo un sondeo que ha coincidido con el escrutinio punto por punto, interrogando a unas 30.000 personas. Pues está claro: dentro de cuatro años, que voten esas 30.000 personas. Y a los demás, que nos dejen en paz. ¡Si no va a cambiar nada! Si esos 30.000 son el reflejo de la sociedad, ¿para qué molestar a la sociedad?
Y pensar que se movió un Barça-Madrid porque eran demasiadas cosas en la agenda. Imaginaos: a las siete de la tarde, cuando ya estás preparando la banderita de tu equipo y los ganchitos, te llaman de la encuesta, dices «voto a Carmen de Mairena», y hala, sin otra preocupación, a ver el partidito tan ricamente. ¡ESO es madurez democrática! ¡Que aprendan!