Una urgencia la hemos tenido todos
¿Quién no ha follado sin condón? ¡Todos somos Julian Assange!
No nos obliguéis a crear un grupo de Féisbuc proclamándolo, que estamos muy locos

Estamos indignados y especialmente conspiranoicos con la detención en Londres de Julian Assange, el fundador de Wikileaks. Porque que detengan, encierren sin fianza y hablen de extraditar a un tipo por un crimen sexual que sólo es crimen en Suecia a la persona que, casualmente, todo Occidente quiere hacer callar porque les está publicando las vergüenzas en Internet, huele a película de Will Smith. Ya lo hemos dicho.
Y la indignación se ha convertido en clamor. Twitter y otras redes sociales lo reflejaban esta semana. Los grupos de Féisbuc tipo «Liberad a Assange» han batido récords de afiliaciones el pasado puente, después de los de cagarse en los controladores aéreos y los de chistes sobre el contenido de sangre en alcohol de Guti, el Michael Knight de Constantinopla. Lo cual significa que hay cientos, miles, millones de defensores de la libertad de prensa que, por Julian Assange, están dispuestos a... a... Bueno, a hacer clic en el «Me gusta». Y poco más.
Desgraciadamente (Julian Assange debería saberlo mejor que nadie), las causas que se propagan en Internet son causas perdidas. Las muestras de apoyo de esa comunidad se quedarán en eso, en muestras. Porque una cosa es hacer un clic, y otra muy distinta es encontrar un rato para manifestarnos a la puerta de la prisión con pancartas que digan «Yo también he follado sin condón». Las redes sociales son así: con mucho gusto y no poco orgullo nos sumamos a un grupo contra el cáncer (que es el súmmum de los grupos gilipollas: ¿estás presionando al cáncer con ello? ¿Hay grupos a favor del cáncer que lo propagan por ahí?), pero si se trata de donar dinero, perder diez minutos o mover el culo de la silla...
Esto es como la gente que te envía abrazos virtuales. O los que escribían al Jueves y nos mandaban birras telepáticas. Si las birras telepáticas se bebieran, yo sería Barney Gumble.
Sin embargo, las cosas como sean: con una iniciativa puramente virtual (una wiki) y fe en un puñado de ideales altruistas (básicamente, «saquemos los colores a los poderosos», que como posicionamiento político está bien), Julian Assange ha generado reacciones y provocado a los gobiernos. Así que ojo: Internet puede hacer cosas. Cavarte la tumba, por ejemplo.