Triunfa el «calendario de adviento ruso»: una de las chocolatinas está envenenada
El mestizaje y la globalización permiten inventazos como este

Lo dicen tanto las ventas de los supermercados como el rollizo número de ingresos por intoxicación en los hospitales infantiles: este año, el producto estrella de las navidades surge del frío. El Papá Noel que se encarama al balcón y los villancicos cantados por gatitos han sido pateados fuera del trono por el calendario de adviento ruso.
Se trata de un calendario aparentemente normal, decorado con los motivos tradicionales de la navidad en Rusia (cosacos en trineo, piñatas en forma de Rasputín y un osito Misha regalando vodka a los niños), pero con una sorpresa añadida: una de las deliciosas chocolatinas contiene una dosis letal de estricnina que puede y suele dejar tieso al afortunado en menos de quince minutos. Repitiendo la fórmula de Kinder Sorpresa, que era tres deseos en uno, la combinación “chocolate – sorpresa – violencia extrema” ha resultado un auténtico éxito.
Pese a la instintiva oposición de padres y profesores, empeñados en oponerse a cualquier cosa por la que los niños muestren especial inclinación, la estridente demanda infantil ha vencido los peros. En aulas de toda España, donde la chocolatina diaria se sortea entre los alumnos a través de una pregunta de mates o geografía, la inclusión de un ‘castigo’ entre los ‘premios’ «no sólo alienta al estudio, sino que enseña al niño una valiosa lección: que pasarse de listo también puede ser un error», explica Isidora Paltruga, psicóloga infantil del Instituto Pavarotti, de Vigo.
Lo mismo vale para los hogares donde el premio diario se rifa entre los hermanos: el sorteo gana en emoción. Y también en familias con hijo único el efecto es positivo: según los psicólogos, con un calendario de adviento ruso el niño encara las navidades con aún más ilusión si cabe: «Cuando el regalo no es sólo una chocolatina, sino un día más de vida, ¡doble motivo de celebración!»
En una nota final, la embajada rusa ha comunicado que es la primera vez que oyen hablar de este invento y garantizan que en Rusia jamás se ha utilizado semejante pajarada. «Pero nos parece bien que les guste la idea, porque entendemos que es como el sombrero mexicano, que nadie en México lo usa, pero como souvenir hace gracia».