No lo llamen terrorismo; llámenlo márketing
Provoca un descarrilamiento para aumentar las ventas de lotería

Leopoldo Gruflas, dueño de la administración de lotería local, sabía que las tragedias traen suerte y clientes.
En mala hora llegó a oídos de Leopoldo Gruflas, propietario de la administración de lotería nº 1 de Pazos del Mondongo, provincia de Soria, la leyenda de que el Gordo de navidad suele recaer en lugares que a lo largo del año han sufrido alguna desgracia, lo que atrae a peregrinos de todo el país en busca de un décimo afortunado.
Ni corto ni perezoso, Leopoldo se propuso poner el nombre de su municipio en el mapa de las catástrofes de 2010, y así aumentar las ventas en su administración. Para lo cual no se le ocurrió otra cosa que hacer descarrilar un expreso Madrid-Lugo a su paso por el casco urbano.
Gracias al proverbial retraso de la RENFE, que causó que a la hora en que se esperaba el expreso pasara por allí un mercancías cargado de automóviles nuevos de fábrica, la tragedia se saldó con menos muertos que a los que Leopoldo aspiraba pero, aun así, con bastante más ruido, molestias y vagones empotrados en edificios públicos de lo que los vecinos hubieran deseado; es decir, que no llovió a gusto de nadie. Bueno, llover, sí llovieron: varios Seat Toledo en un radio de 250 metros.
Leopoldo, que encima de hacerle llufa la catástrofe ni siquiera tuvo ocasión de colgar en Youtube el vistoso accidente, porque se hizo un lío con la cámara digital, fue arrestado por terrorismo y apaleado por cabrón. La primera acusación, él insiste en rebatirla: «¡No era un atentado, era una maniobra de márketing! ¡Estas cosas, a la larga, son riqueza para el pueblo!»
