Esta semana, en «El Jueves»
¡Adiós, 2010! / ¡Hola, 2011!

De acuerdo, 2010 no ha sido el mejor año. Ahora les preguntamos: ¿ustedes pueden nombrar el último buen año que vivieron? Nombrarlo quiere decir especificarlo con sus cuatro cifras; ser capaces de asegurar, con la cabeza bien alta y la mano en el corazón: «2006 fue un año excelente en todos los sentidos», o «todavía recuerdo con lágrimas 1995». Apostamos a que no. No, porque somos cínicos, y haciendo balance, nos quedamos siempre con lo malo. Si un año nos mudamos a un piso más grande, compramos un perro y tuvimos un cólico, es el año del cólico. Si un año lo pasaste entero en tu cuarto con tus videojuegos mientras tu madre te hacía las comidas, es el nefasto año de la ley Sinde o de la masacre en Ruanda.
Admitámoslo. Nos gusta refunfuñar. Es nuestra actitud ante la vida: no apreciar lo bueno, y no tener cojones de afrontar lo malo. Trollear, y hacer la revolución clicando en «Me Gusta» y «Retweet». Vale, nada que decir a eso. Ahora bien: ¿por qué entonces esas ganas de despedir al año viejo, como si el nuevo fuera a ser gran cosa?
2011 se presenta muy chungo, amigos. Por eso, y porque el médico ya nos avisó de que nuestra bipolaridad acabaría afectando a nuestro trabajo, El Jueves de esta semana tiene ¡dos portadas dos!: falsa esperanza, o empujón hacia el pánico. Y además, contiene un dossier especial con los gilipollas más notables del año; un resumen de los tijeretazos de 2010, a manos de Toni; y un informe especial de Carles Ponsí destapando las grandes mentiras de la Navidad. Todo esto, este miércoles, ¡en dos Jueves! ¡Corran al kiosco, que les faltarán manos! (Bueno, si tienen solo una. No, y aunque tengan una, tampoco. Bueno, es igual.)