De la ficticia serie «El Jueves investiga: ¿Qué fue de...?»
DJ Kun: «Aún puedo ser un chico malo, de los que se inyectan porros y eso»

Vaya esto por adelantado: en ningún momento fue nuestra intención romperle la mano a DJ Kun.
Y cuando escribo «nuestra intención», quiero decir «la de dos de los tres que firmamos el QFD».
Lo decimos —e interprétese esto como una afirmación apenas influida por nuestro sentimiento de culpa— porque DJ Kun es una estupenda persona. Lo cual tampoco sorprende a nadie. Porque el estupendismo de un rapero resulta remarcable cuando en sus álbumes adopta el rol de pendenciero que va con pistola a comprar el pan. Pero estamos hablando de DJ Kun, un rapero que en sus mejores días no daba miedo ni a su madre. De hecho, su madre es otra encantadora persona que nos estuvo enseñando sus fotos de bebé mientras esperábamos a que el muyayo volviera de la pista de hípica.
Todo esto ocurría, por cierto, en Argentina, ese país del que anualmente huyen en masa miles de argentinos para venir a España a contarnos lo bien que se lo pasaban aquí. DJ Kun nos recibió, aún en traje de monta, en el salón de la agradable quinta solariega de Gualeguaychú, en Entre Ríos. Tan lejos de la música urbana, el latin kilombo y el No hay mucho dinero como se puede estar.
«El orgullo del rapero se basa en demostrar a la vez que se crió en la calle y que, pese a no haber ido al cole, compone y escribe mejor que los otros.»
«Mucha gente se sorprende de que un artista de hip-hop se haya criado entre estas cuatro paredes», admite DJ Kun, abarcando con el gesto sólo 4 de las, calculamos, 18 paredes maestras en este solemne edificio erigido en un parque de 700 acres. «Pero no tiene nada de extraño: todos los raperos aspiran a coches horteras, mansiones en Hollywood y mujeres con un culo con campo de gravedad propio. La única diferencia es que yo ya estuve en ese mundo. Mejorando lo presente en cuanto a las señoritas», añade con un guiño a la fotógrafa.
Un criado pasó a servirnos un mate con pastas. DJ Kun reanudó:
«Este rollo gangsta del hip-hop es un acto de equilibrismo que nunca llegué a dominar. O sea, el orgullo del rapero se basa en demostrar, a la vez, 1) que se crió en la dura calle drogándose y matando y esas cosas; y 2) que a pesar de no haber ido al cole, compone y escribe muchísimo mejor que otros raperos que sólo “riman”.»
El resultado de esta combinación es el hip-hop actual: un circo de analfabetos sin talento pavoneándose de tener mejor técnica que el de al lado, cuando ninguno emite más que monosílabos. Lo cual, en inglés, que es lengua de palabras cortas, aún basta para urdir letras semidecentes; pero en español resulta patético. Dos versos de Joaquín Sabina, por calidad de rima y armonía silábica, bastan para devastar todo el rap español y convertir a Choyín y los Violadores del Verso en niños especiales balbuceantes. Y DJ Kun tampoco brillaba mucho en ese universo.
«Lo que no teníamos de brillantes, lo suplíamos con chulería. Y eso no es bueno», lamenta el artista. «Cosechas odio para conseguir el éxito. Y yo pensé ¿para qué quiero ganarme enemigos en pos de coches, casas y chicas? Si ya tengo todo eso», dice, palmeando la rodilla de nuestra fotógrafa.
«Toda aquella tensión entre bandas me hizo gracia al principio. Pero luego alguien sacó un cúter, y yo, la verdad, no soy de hacer bromas con filo.»
«De acuerdo, lo admito: nunca fui un chico malo. Toda aquella tensión entre bandas e intercambios de insultos me hizo gracia al principio. Pero joder, luego se pusieron serios. Alguien sacó un cúter, y yo, la verdad, no soy de hacer bromas con filo. Así que volví a casa y le dije a mi padre: “Papá, esto del hip-hop era una fase; creo que al final sí que me interesa quedarme con la empresa familiar“.»
«Pero ojo», avisa DJ Kun, con una mirada torva largamente practicada frente al espejo. «Puedo ser un chico malo. De los que se inyectan porros y eso. De los que gustan a las pibitas», añade, reclinándose adelante para menear los dedos a ritmo de rap a escasos centímetros de la cara de nuestra compañera. «Si lo que vos querés es perrear, podés hacer como los perros de verdad y dejar que te huela la colita, ¿oíste, nena?»
Y ahí es cuando la fotógrafa le inmovilizó la muñeca, lo volteó y lo tumbó sobre el mate y las pastas, rompiéndole la mano por tres sitios.
Pero en serio que DJ Kun es un tío muy majo.