El gilipollas de la semana: Álvarez Cascos
Por dejar el PP en plan «¿No hay Casera? ¡Pues me largo!»

Romper con el partido de toda la vida siempre es traumático. Más aún cuando, como Álvarez Cascos, ha sido uno de los barones (¿o eran sólo varones?) de las filas populares y figura lo bastante relevante del gobierno popular como para tener, por ejemplo, tira propia en El Jueves. (Vale que la tira era más dedicada a su fama de dóberman sesuarl que a su peso político, pero oigan, lo de la tira propia no es algo que consiga un Rubalcaba cualquiera.)
Pero no hay forma de salir dignamente del Partido Popular. De un partido de izquierdas, aún: lo normal allí son los cismas y escisiones hasta la división del átomo. Pero del PP, donde la formación se ha de mantener unida hasta el fin de los tiempos, donde la diferencia de opinión merece una dura mirada represiva de algún megafacha con bigote, sólo puedes salir rebotado, dando un portazo y enjugándote las lágrimas mientras los barones murmuran, para mayor humillación, «por Dios, Francisco, estás dando un espectáculo».
Para Álvarez Cascos, la gota que colmó el vaso fue que no le dejaran encabezar la lista por Asturias. Y se ha ido muy rebotado. En realidad, haber roto con el PP es el mejor premio en compensación a sus disgustos. Nuestro trofeo, en comparación, no tiene ningún valor.