República Popular China: no digan dictadura, digan «honorable dictadura»
Y un respeto, que si no nos llegan a comprar la deuda, estaríamos comiéndonos nuestra honorable mierda

Hu Jintao, persona de nombre gracioso que además, casualmente, preside la República Popular China, está en Washington. De visita oficial, naturalmente. Y ha sido recibido como corresponde a un jefe de estado; es más, al jefe de un estado considerablemente grande y superpoderoso. Vaya, que no creemos que se tenga que pagar ningún hot dog de su bolsillo.
Lo ha dicho Barack Obama: que las relaciones China-USA son cruciales, y sus lazos financieros mucho más complejos que ese sonsonete de «nos-roban-trabajo-porque-lo-hacen-barato-porque-viven-en-un-infierno».
Y tiene razón: es muy fácil decir que en China hay muchas cosas que huelen a podrido (bastantes más que en Dinamarca, por decir algún sitio): ausencia de democracia, censura, pena de muerte, el Tibet... Ciertamente, no es un paraíso. Y en Occidente, donde tendemos a vanagloriarnos de nuestro sistema de puertas para fuera (aunque lo pongamos a parir de puertas para dentro), siempre tenemos un reproche para los chinos en la punta de la lengua.
Pero amigos, dice el proverbio chino que el estornino muerde su lengua cuando se posa en el lomo del viejo yak, y nosotros haríamos bien en mordernos la nuestra. Lengua, quiero decir. Porque ahora mismo, Occidente sale apenas (o no sale) de una crisis que llamamos «mundial», pero que no es mundial, porque, sin ir más lejos, China está creciendo a pasos agigantados y convirtiéndose en la superpotencia única que nos gobernará a todos y nos atará en las tinieblas. Gracias a que China ha comprado deuda estadounidense, los yanquis respiran un poco. Y gracias a que también han comprado deuda española, quizá tú y yo, amigo lector, veamos el mañana.
¿Qué le vas a reprochar a Hu Jintao? Sí, dice Obama que en su agenda tiene planeado hablar de derechos civiles y todo eso... Pero no te vas a poner farruco y decirle «ahora te embargo hasta que quites la pena de muerte». Con Cuba te puedes poner chulo, pero con China, próxima primera economía planetaria, que nos fabricará y exportará hasta los bebés, no.
Y lo mismo vale para varios países. Hay que ir con cuidado si eres un presidente haciendo un tour:
—Oiga, aquí en Arabia Saudí, con todos los respetos, sois unos fachas de la hostia, ¿no?
—Sí, y también somos de los principales exportadores de petróleo.
—Vale; olvídelo, deme un millón de bidones.
Antes todo era más fácil. Los países de Asia y África no estaban gobernados por oligarcas tiránicos que exprimían a su gente y sus recursos para exportarlos a Europa. No, antes íbamos los europeos directamente y les exprimíamos in situ. Y no había que quedar bien con nadie. Si es que con la colonización vivíamos mejor. Nosotros, claro.