Director de orquesta conjura un ‘expecto patronum’ agitando la batuta
Despertó a casi todos los asistentes

Ya es bien verdad que hasta el asno puede hacer sonar la flauta por casualidad, y que lo que uno cuesta años de aplicado estudio puede salirle a otro con pasmosa facilidad y algo de potra. Sin ir más lejos: un hechizo que los aprendices de mago no aprenden hasta quinto año de Hogwarts por lo menos le salió el otro día a un absoluto profano mientras dirigía la filarmónica de Bratislava.
Ocurrió en el Hvarosláv Soporsky Teatry, durante una ejecución de la Sinfonía Letárgica de Gustav Tedious. El director, Andreas Bostezov, de 66 años, conducía con lenta seguridad el tercer movimiento en adagio dormente cuando, de pronto, en un gesto impetuoso de la batuta que venía a significar «los del oboe, espabilarse», vio brotar del palitroque un espectacular haz de luz blanca, acompañado de un estallido de energía que hizo volar todas las partituras y despertó prácticamente a toda la sala.
Testimonios aseguran que, dentro de aquella purísima luz conjurada desde lo más hondo del corazón del director, parecía distinguirse la forma de un animal —sin duda, el patronum particular del señor Bostezov, que según los presentes recordaba vagamente a una jirafa. Interrogado Bostezov sobre este extremo, el desconcertado melómano se rasca su venerable cabeza y afirma: «Bueno, sí... Siempre me han caído bien las jirafas.»
El conjuro accidental de hechizos mágicos por parte de directores de orquesta no es inaudito. En 1986, en Viena, al célebre Herbert Von Karajan, en uno de esos clímax que le daban dirigiendo a Wagner, le salió sin querer un expeliarmus dirigido al primer violín que le mandó el instrumento a tomar por culo de lejos. El ministerio de magia no presentó cargos.