Cajas que digievolucionan en bancos: ¿Debería cundir el pánico ya?
Nuestro consejo es que sí: ¡¡¡AAAAAAAARRRGH!!!

La Caixa —caja de pensiones ama y señora de Cataluña y parte de España— podría convertirse en banco próximamente. «Nuestra pequeña Caixa se hace mayor», podríamos decir. Podríamos, si no hiciera tiempo que La Caixa es uno de los tres pilares de la catalanidad, aparte del Barça y Chupa Chups.
La noticia viene repleta de detalles técnicos sobre estatutos y reformas impulsadas por el gobierno los últimos meses, minucias de las que estaréis al corriente todos los que llenáis el vacío de vuestra vida social con la lectura de periódicos. Pero lo que interesa no es si La Caixa dará el paso, ni cuántas cajas lo darán tras ella. No, lo que interesa es: ¿Qué pasa con nuestro dinero? Aún diría más; lo que interesa es: ¿Podemos ya llevarnos las manos a la cabeza ante el apocalipsis bancario y gritar como zarigüeyas rabiosas?
Sesudos expertos aseguran que la metamorfosis de caja en banco no tendrá ninguna repercusión en sus clientes. «Vuestros ahorros siguen ahí, contentos como niños en un chiquipark, creando riqueza que da gusto verlos», nos ha dicho un señor de La Caixa a quien hemos llamado, preocupados por la salud de nuestros 237,47€. De hecho, algún tertuliano de la radio ha augurado ventajas para los usuarios. Vaya, que nos dicen lo que las reglas indican que se diga: no pase nada, o llegue el fin del mundo, la consigna es «tranquilidad».
Pero amigos, si seguimos tranquilos mucho rato, el fin del mundo no va a llegar nunca. Con el peligro que eso conlleva de que la crisis se alargue indefinidamente. Hace mucho tiempo (desde que los economistas disfrutaban de su repentina y desmesurada relevancia diciendo aquello de «esta crisis acaba de empezar») que esperamos el momento de entrar a saco en los bancos, retirar los ahorros, ocultarlos bajo el colchón y sentarnos encima a defenderlos con una recortada mientras oímos cómo las acciones de los bancos se desploman, se llevan la bolsa consigo, se hunde occidente y todo es como 28 días después, pero de mal rollo.
Y nos hablan de crisis, nos hablan incluso de rescate en Bruselas, pero el cataclismo no llega. Pues, señores, esto de La Caixa nos parece la excusa perfecta. Volvámonos locos y saqueemos los bancos. Piensen que cuanto antes toquemos fondo, antes empezaremos a enderezarnos. La recuperación está en nuestros cócteles molotov.