En Egipto sí saben divertirse
Los países árabes están viviendo revoluciones de verdad. De las de no usar Internet. Flipadlo

Empezaron en Túnez, cuando la salida del dictador Ben Ali, el 15 de enero; y el efecto dominó de las revoluciones ya se ha expandido hacia Yemen o Egipto. En este último, con unas movidas y una participación como no se veían desde que construyeron la pirámide de Keops (y en aquellos tiempos, la movilización no era exactamente espontánea).
Para poner un poco en contexto al lector (un poco, eh; que tampoco somos Documentos TV), habría que decir que Egipto es una de las economías más boyantes de África, nada de la liga del tercer mundo. Sus quejas no son nada con lo que no podamos sentirnos identificados: paro, inflación, corrupción, salarios mínimos demasiado mínimos... y algún detalle más, como que el presidente Mubarak lleve 30 años en el cargo sin intención de apartar el culo.
Vaya, digamos que en Egipto la máxima preocupación del pueblo no es una ley que les cierre las webs de bajarse pelis gratis. Así que están en ese estrecho margen de descontento entre feliz conformidad y aniquilación moral que puede desencadenar una revolución y hacer que prospere.
Y eso es lo que les ha pillado en bragas a los gobiernos africanos, y a nosotros también, como testigos que lo vemos de lejos. Cualquiera diría que teniendo blogs y redes sociales no habría necesidad alguna de salir a la calle a protestar por cuatro chuminadas. Pero los egipcios han salido. Y están poniendo El Cairo patas arriba. Y llevamos 150 muertos en los disturbios, y Mubarak debe de estar empezando a ver chunga su reelección/reafirmación.
Quizá ayudó que una de las medidas gubernamentales al empezar los disturbios fuera cortar Internet a la población. A lo mejor alguno de los manifestantes se habría quedado en casa, pero no habiendo Internet, ¿qué vas a hacer? Pues bajas y la lías.
España no cometerá ese error. Internet es sagrado. Mientras haya incisivos grupos de Facebook y trend topics en Twitter, mientras que con comentar «en Egipto sí que saben» y «estamos dormidos» sintamos saciada nuestra rebeldía, las calles serán seguras.