La gilipollas de la semana: Ana Botella
Por decir que la contaminación de Madrid no es nociva. Es más: sabe a fresa

La relación de los Aznar con la ecología no viene de ayer. Ya en 2008, el ex presidente soltó, en la presentación de un libro tan cretino que solo la FAES se atrevió a publicarlo, que la ecología era el nuevo comunismo, una ideología absolutista que en nombre de algo (del planeta, ya ves tú) recortaba la sacrosanta libertad de Josemari. Esos hippies nos restringen derechos fundamentales como matar bebés de foca o meter vidrio en el contenedor azul. Intolerable.
Una postura lógica. Ante un pensamiento verde que vino a desmentir el consejo bíblico, «creced y multiplicaos y dominad la tierra», cambiándolo por «no seáis burros, que sólo tenemos un planeta y está hecho unos zorros», qué posicionamiento más consecuente para un meapilas ególatra como José María Aznar que reivindicar que sí, que el planeta es suyo por la gracia de Dios. Suyo, porque España ya se le quedó pequeña.
No es pues de extrañar, dado este currículum familiar, y dado el cachondeo que es Madrid, que la señora del ex presidente sea hoy concejala de Medio Ambiente en la Comunidad de la Mahou+2. Donde puede decir sin ruborizarse que duplicar el nivel de contaminación aconsejado por la UE no es problema porque «la contaminación de Madrid no es nociva». Claro que no, no te jode. Es CO2 que huele a jazmín y cura el cáncer. Da gloria inhalarlo.
Por esa declaración, Ana Botella es nuestra gilipollas de la semana, pero aún le queda mucha trayectoria para superar el palmarés de gilipollismo de su marido. La animamos a esmerarse. Que un hombre no te haga sombra, Ana. Que por cierto, habría que mirar el nivel de contaminación en Valladolid, porque el daño cerebral de ese hombre, natural no puede ser.