Victoria Beckham exige tener un elemento químico con su nombre
«¡Bohr y Mendeléyev tienen los suyos! ¡Y yo soy mil veces más famosa que ellos!»

Victoria Beckham, icono pop y petarda de profesión, no está dispuesta a que decline su fama conseguida y laboriosamente conservada desde que fuera una Spice Girl (imagínense cómo está el percal, si eso es lo más parecido a trabajar que ha hecho en la vida). Por eso, en el marco de su «operación inmortalidad», ha decidido legar su nombre a la ciencia, donándolo generosamente a un elemento químico.
El rechazo inicial de la comunidad científica le causó un rebote —según su marido, el también intelectual David Beckham— similar al que le da en los almacenes Harrods cada vez que le dicen que por mucha pasta que tenga no pueden venderle niños esclavos. «¡Es intolerable!», clamaba Victoria. «¡Dicen que no soy lo bastante célebre! ¡Como si la gente conociera a Bohr, o a Mendeléyev! ¿Quién mierda son esos? ¡Huy, sí, Enrico Fermi sale en la portada de The Sun día sí, día también, no te jode!»
La IUPAC (institución que se encarga de estas cosas) arguye que Victoria no ha hecho nada por la física. «¿Cómo que no?», replica ella. «Hice lo mismo que por las mates o el inglés: ¡cinco minutos de rodillas bajo la mesa del profe, y listo! ¿Les parece poco? ¡Miren que mi tiempo ahora se cotiza mucho!»
Al cierre de esta edición, las negociaciones podrían salir del atasco. La IUPAC está dispuesta a ceder y bautizar como Beckhamio alguno de los elementos más jóvenes, aún con nombre provisional. Según los físicos, el Beckhamio tendrá número atómico 117 y «encaja muy bien con la personalidad de Victoria: es inestable, muy pesado y jodidamente inútil».
