¡Se han follado OT!
Si no fueran a poner cualquier tertulia rosa en su lugar, sería para alegrarse

La baja audiencia de las galas ha decidido el abrupto final de Operación Triunfo 11. Así funciona la televisión: 13% de share en las últimas galas es intolerable, y Telecinco no ha tenido piedad. Eh, que no se quejen: ha durado más de tres semanas. Para la tele privada española, que los pare muertos, OT11 ha tenido una vida larga y provechosa.
El problema es que no solo se han cargado un programa. Han cancelado un proceso de fabricación de estrellas, lo cual nos deja ahora con un montón de estrellas a medio hacer. Se han cargado un curso escolar serio, y eso que habían reincorporado a Nina para volver a los días en que OT recordaba a una academia semidecente. Se han cargado los sueños de una generación de jóvenes cantantes. Peor aún: el sueño que la tele misma había prefabricado y metido en las esponjosas y débiles mentes de una generación: «Sed cantantes, es súper fácil y el talento no es imprescindible».
¡No era sólo un programa! ¡Eran sueños, maldita sea! ¡Eran honestas fantasías de fama y dinero fácil! ¡De personas que, francamente, poca opción tienen en la vida de triunfar si la tele no se lo da mascado! Eran los sueños de Alex, Geno, Moneiba, Niccó, Alexandra, Juan, Jefferson, Nahuel, Josh, Naxxo, Nira y Coraluna —vale, ahora en serio: ¿de dónde cojones sacan los padres estos nombres?—, ¿cómo podéis cancelar eso?
¿Qué pasará ahora con estos muchachos? ¿Se les dará diploma igual? ¿O medio diploma? ¿Qué son ahora, medio cantantes? ¿Puedes poner eso en el currículum? ¿Puedes ser cantante de orquesta, pero sólo hacer cinco notas en cada octava? «No, es que a partir del la, cancelaron el curso. Sí, nos cerraron la escuela de música. La culpa fue el ministerio de música, que se acobardó cuando regresó el tenor que no debe ser nombrado. Y el profe de piano mató al director. Cosas que pasan.»