De la oceánica serie El Jueves investiga: «¿Qué fue de...?»
Willy, de ‘Liberad a’: «¡Nadie me dijo que la libertad era tan aburrida!»

Data, o el actor que hacía de Data, el chino-americano de Los Goonies, hoy brillante científico, nos llamó el otro día. Es un viejo conocido nuestro.
—Unos amigos del laboratorio y yo hemos inventado algo genial: un traductor ultrasónico cetáceo-inglés inglés-cetáceo. Para comunicarse con delfines y ballenas. Y, no sé por qué, he pensado en vosotros.
Le agradecemos el detalle, porque hacía tiempo de nuestra última aventura marítima, en la que fuimos primero víctimas de la obsesión suicida del Capitán Iglo y después huéspedes a bordo del barco de Vacaciones en el mar; y teníamos ganas de volver a las nadadas.
Así que embarcamos junto con nuestro amigo el ex-goonie Data en un catamarán equipado con su asombrosa tecnología ultrasónica y partimos Pacífico adentro en busca de Keiko, quizá la orca más famosa del mundo por su papel epónimo en la película Liberad a Willy.
Sin el traductor cetáceo, no ya la entrevista, sino la mera tarea de localizar a Keiko, sería imposible. Desde que se retiró del cine, es una orca más en el océano. Interrogamos a varios bancos de delfines (que son simpáticos por naturaleza, como todo el mundo sabe) y todos nos respondían con la misma broma sobada: «¿La orca de Liberad a Willy? Sí, es la que tiene una estrella en la puerta de su casa.»
Pero a medida que nos acercamos a nuestro destino, cuando alcanzamos las aguas favoritas de esas admirables criaturas que son las orcas —«el oso panda de los mares», declama Data, muy inspirado—, y las contemplamos, embelesados, mientras saltan sobre el sol naciente, el estrellato de Keiko va desvaneciéndose poco a poco. Nada de estrellas en la puerta, nada de flores, nada de lujos. «¿Keiko? Sí, es aquella orca solitaria de allí. Durante el crepúsculo suele pasear por el arrecife.»
Keiko echa de menos a la gente. El estrés de ser una atracción zoológica, como Copito de Nieve o Lady Gaga, no le molestaba en absoluto.
Su canto submarino es, ciertamente, melancólico. Pero cambia de tono cuando nos ve llegar, y oye la traducción ultrasónica de nuestra llamada: «¿Keiko? Queremos hacerte una entrevista.» Nada a nuestro encuentro, asoma la cabeza, esboza una sonrisa en la que cabríamos enteros y exclama:
—¡Hola! ¡Encantado de veros! ¡Tío, sois lo más guay que me ha pasado en años! ¿Os firmo un autógrafo?
—¿Puedes escribir?
—Eh... No; mierda, se me olvida ese detalle. ¿Queréis que os rocíe con agua del lomo? ¡A la gente le hacía mucha gracia!
Keiko echa de menos a la gente. Contra la opinión de muchos, el estrés de ser una atracción zoológica, como Copito de Nieve o Lady Gaga, no le molestaba en absoluto. «Si volví al océano fue sólo porque preferí dar por terminada mi carrera mientras aún estaba en lo alto.» Y en efecto, era el momento: Liberad a Willy (1993) fue un taquillazo; un hito incluso dentro del género de pelis de amistad entre especies, como Canguro Jack, Mi gran amigo Joe o El semental de Traci.
—Me supo muy mal rehusar las secuelas, pero tuve que decirles que no. Bueno, de hecho, en aquella época no me entendían cuando hablaba, así que me limitaba a rugir y acabé comiéndome a un productor, para que me soltasen de una vez. Pero... —y aquí Keiko expele agua por el lomo, dejándonos chorreando, y entendemos que esta es la forma de las orcas de suspirar— Yo había estado en cautividad desde pequeñito, y... Bueno, apenas recordaba el mundo exterior, salvo por el guión de la peli, que tampoco me leí muy a fondo, porque, claro, no sé leer; mi actuación fue bastante intuitiva... Pero caray, tanto rollo con liberar a Willy, liberar a Willy... ¡Nadie me dijo que la libertad era tan aburrida! El océano... ¡no es más que agua, en todas direcciones! Y sí, bueno, conoces peces interesantes... Te los comes... Pero hay tantas cosas que echo de menos...
—Claro. Las risas de los niños, los balones, la entrenadora... —decimos nosotros, que desde que vimos Liberad a Willy albergamos la fantasía sexual de que la entrenadora Lori Petty en traje de neopreno nos lance sardinas a la boca.
—Sí, y las cámaras, las galas, el acuario de lujo, ¡la fama, maldita sea! ¡Poner mi aleta en una baldosa de Hollywood Boulevard! ¡Recoger un Oscar! ¿Por qué diablos me fui tan pronto? ¿Creéis que estoy a tiempo de volver? ¡He madurado mucho como artista!
