¿Falta de escrúpulos en Telecinco? ¡¡No-puede-ser!!
El brutal tratamiento del caso Mari Luz pone a Ana Rosa Quintana en portadas de revistas que no son la suya

Glamour y amarillismo: ¡qué van a estar reñidos, mujer!
Ana Rosa Quintana, más conocida como «Ana Rosa, el programa de», es portada esta semana... ¡Y no de la revista que lleva su nombre! Hasta aquí, la noticia.
Lo demás no llama mucho la atención: se ve que El programa de Ana Rosa, enzarzado en un apasionante trabajo de investigación sobre el caso Mari Luz (un infanticidio cometido en Huelva en 2008, por si no lo sabían), rozó el viernes 25 cotas de periodismo forense y bajeza moral como no se recordaban desde que a Pepe Navarro le chaparon el Mississipi por su similar tratamiento de los crímenes de Alcàsser.
Ana Rosa tuvo en el programa a la señora del principal sospechoso, Isabel García; ella y sus intachables colaboradores la entrevistaron, le apretaron las tuercas, jugaron a hacer de fiscal cabrón en una peli de juzgados, la acusaron de mentir y la llamaron de todo menos maja. Todo esto, a una señora mayor que casi no sabía ni dónde estaba. Una entrevista profesionalísima, vaya. Desde aquí pedimos un Pulitzer para cada uno. Metido en el recto, concretamente. Habrá que sacar de allí su sentido de la ética, para que quepa el medallón, eso sí.
Al cabo de poco, ya fuera de antena, la mujer se derrumbó, soltó todo lo que no había soltado desde 2008 frente a la reportera que la acompañaba, y esta conectó de nuevo con el programa y se lo hizo repetir todo en directo. Porque tenemos derecho a saber, claro que sí. Y la policía puede esperar, que no les viene de un día.
Los detalles del trato a Isabel García, agotada, suplicando a la reportera que la custodiaba para que no hablase con otra cadena que no la grabasen más, están (adivínenlo) meticulosamente grabados en un vídeo que difundió el sábado El Mundo, y que pone una vez más en la palestra la falta de escrúpulos de Telecinco. Telecinco, por cierto, echa la culpa a la productora Cuarzo. Ana Rosa se limita a decir que hizo la entrevista que dio «la noticia que todo periodista quería dar». Qué curioso, que la noticia que ella quería dar, y dio, a costa de destruir a alguien, fuera una que interesaba a la policía, no a nosotros.