El gilipollas de la semana: Ana Rosa Quintana
Por secuestrar a una sospechosa del caso Mari Luz, acusarla, hacerla confesar y enorgullecerse de la exclusiva

Ana Rosa, alias «La mujer que da su nombre a una revista, un programa e incluso libros que no escribe ella», decidió que su programa mañanero era una buena sala de interrogatorios para arrojar algo de luz sobre el caso Mari Ídem. Trajeron a una implicada bajo engaño desde Sevilla, la interrogaron en directo, un mierda que hacía de poli malo la llamó mentirosa a la cara, y luego Ana Rosa, que era la poli buena, dejó que la sospechosa meditase un poco. Minutos después, fuera del plató, custodiada por una reportera y un cámara que no vacilaron en seguir grabando mientras se derrumbaba, la señora confesó que su marido era el culpable del crimen. Y Ana Rosa, que de tanto frotarse las manos ese día ahora lleva garfios, mandó que pusieran a aquella mujer bajo vigilancia para que nadie les quitase la exclusiva.
Ana Rosa defiende la legitimidad de su «trabajo», asegurando que dio la entrevista que todo profesional habría querido dar. Tiene razón. Claro que debe de referirse a profesionales de la policía de Camboya. Porque esto no es periodismo. Ni siquiera amarillo. No tiene ni el atenuante de un color, Ana Rosa. Tú y tu ridículo ego queréis ser no ya periodistas, sino policía, jurado y juez. A lo mejor esperabas nuestra aclamación por haber detenido a un infanticida. En su lugar, recibes escarnio por haber torturado (hay vídeos, no hay otra palabra) a una sospechosa por audiencia. Quería ser el Juez Dredd y eres la gilipollas de la semana. Esperamos verte con el trofeo en la portada del próximo número de AR.