¡Despido improcedente!
Excomulgan al Padre Manel por pagar un aborto... ¿en vez de dejar nacer al niño y follárselo, que es lo normal?

Se llama Manel Pousa, y es un religioso de los de trinchera. Nada de coche oficial ni lustrosos anillos con veneno en el interior; es pastor de una parroquia en Nou Barris (Barcelona), trabaja en la rehabilitación de presos y obtuvo la Cruz de Sant Jordi y la Medalla de Honor de Barcelona por su labor social. Era gran amigo de Pepe Rubianes. Siempre más fiel a sus convicciones que a la línea marcada por su empresa, ahora se ha publicado su biografía, titulada Padre Manel: más cerca de la tierra que del cielo, en la que relata, entre otras muchas cosas, que una vez ayudó económicamente a una joven a pagar un aborto, temiendo por su salud si paría. Por esto, el Arzobispado de Barcelona le ha abierto un expediente para excomulgarle.
Hace muchos siglos que se acusa a la Iglesia de haber perdido contacto con el mundo real. No por el rollo espiritual, que allá cada uno con su fe, sino por sus creencias, usos y (sobre todísimo) normas que impiden contumazmente cualquier jodido intento de evolución intelectual o social de la especie humana. Desde sus palacios, donde pasean en faldones e imaginan que el mundo es aún un poco como antes del Cisma de Occidente, chochean que el condón es algo satánico, que los gays son enfermitos, y otras mierdas que, afortunadamente, uno puede optar por no escuchar.
Pero cuando su departamento de Asuntos Internos va a por un empleado de los que viven y trabajan en el mundo real, de los que hacen algo más que rezar para solucionar problemas, de los que escuchan y cuidan de sus fieles, en vez de llamarles pecadores o desviados; cuando eso pasa, arzobispos que luego pedís clemencia para violaniños con sotana, eso es como para que Jesucristo en persona os pegue un bofetón con la mano abierta y os clave el clavo en el ojo. Payasos.
Eso sí: la noticia de la excomunión ha hecho que el librito de marras se venda como churros. ¿Recibe el Padre Manel derechos de imagen? Esperemos que sí. Se merece una pensión digna.