Tensión en los engranajes de nuestra lengua
Los miembros de la Real Academia de los asientos C y H no se ajuntan

Parece un tranquilo templo del saber, pero por dentro es un nido de envidias y puñaladas traperas.
Hace meses que dura la tensión, pero fue ayer cuando se destapó la grave crisis por la que está pasando la lengua española. Y no es que los académicos hayan descubierto lo jodidamente mal que se escribe en Internet. Lo que ocurre es que un engranaje clave de la lengua española, un dígrafo (que no letra) tan esencial como la ch, podría desaparecer, y hundir consigo al resto del idioma, debido a que los académicos que ocupan los asientos C y H hace años que ni se hablan.
La aparente paz y cordialidad de la institución que vela por nuestra ortografía esconde, tras sus nobles muros, una compleja trama de odios y rencores. El mal rollo se destapó la mañana del jueves, cuando don Cecilio Carbajo, de Cerdanyola, ocupante de la cátedra C, reveló a un periodista (que pasaba por allí de camino a un sitio más importante, no es que se le hubiera perdido nada) sus sospechas de que la académica de la H les estaba comiendo la oreja a los vocales A y E con el fin de ocupar sus asientos y trepar posiciones. Además, la acusó de rayarle el coche al aparcar, de hablar a sus españdas, de hurtar material de oficina, de hacer un café pésimo, y de que «en las reuniones nunca propone nada, salvo cuando se tratan los anglicismos, que entonces aspira a aceptarlos todos».
Doña Hortensia Hinojosa, la de la letra H, al ser muda, no hizo comentarios.