Acusan al director Manuel Sirgo de subir películas a la red
¿Piratas en la academia de cine? ¡Qué no harán para ganar espectadores!
El miércoles detuvieron al director y miembro de la Academia de las artes y las ciencias cinematográficas, Manuel Sirgo, acusado de colgar en Internet copias de las películas que competían por los premios Goya antes de que se estrenasen (la más sonada, Ispansi, de Carlos Iglesias). Y esto, claro, es delito. (Lo de subir a Internet material restringido, queremos decir. No lo de difundir cine español. Eso es solo una falta menor, creemos.)
A Sirgo le soltaron a las pocas horas, después de declarar, y desde entonces se desgañita defendiendo su inocencia y su honor. Pero lo tiene difícil, porque la idea de un pirata infiltrado en la academia de cine, que tendría su guasa de ser verdad, ha hecho fortuna en los monoideológicos foros de "cultura-libre-sinde-dimisión", donde toda anécodta que ridiculice al enemigo se magnifica que da gloria verla, y lo de Sirgo ya es la comidilla, cenilla y desayunillo de las tres próximas semanas en los internetses.
A todo esto, al margen de lo que dicte la Justicia, la Academia debería aumentarle el suelo al que haya filtrado las pelis desde ya. Ese prócer ha hecho más por ganar espectadores que veinte campañas publicitarias. Vale, de gratis (que al menos Sirgo no está acusado de ánimo de lucro); ¡pero espectadores al fin y al cabo!