De la resacosa serie '¿Qué fue de...?'
Republica: «¿Cómo que ‘one-hit-wonder’? ¡Tuvimos por lo menos... dos hits!»

Adolescentes de trece años y señores mayores de casi sesenta caen a veces por el Qué Fue De y se quejan de que jamás han oído hablar de los personajes que presentamos; que nunca se han preguntado qué fue de ellos porque no saben ni quiénes eran. Nosotros ignoramos esas críticas (a pesar de que el señor mayor de casi sesenta es el que nos paga), porque el QFD es un rollo generacional. No basta con haber estado vivo; hay que haberlo visto, escuchado y jugado.
Dicho lo cual: si algún lector, leyendo el titular, sabe quién cojones es Republica, puede ponerse una medalla. Porque o es un campeón en potencia de Saber y ganar, o una persona con conocimientos musicales demasiado profundos. Nosotros tuvimos que consultar la Wikipedia. Pero nos estamos liando; esta es la historia, relatada comme il faut.
El terremoto de Japón nos pilló en Tokyo. Los tokyotas a nuestro alrededor apenas se tambalearon, pero nosotros tres rodamos por el suelo como demonios de Tasmania en un concurso de break-dance. Luego vino la alerta de tsunami y, a pesar de que Tokyo cae lejos del mar abierto, alguien propuso subir a una azotea a ver si divisábamos la ola. Nos colamos en un edificio del distrito de Shinjuku, subimos los 57 pisos a la carrera (los ascensores no funcionaban tras el seísmo) y, al salir a la azotea, listos para vomitar sobre la grava, nos encontramos una banda de rock en pleno concierto; batería, guitarra, bajo, teclado y voz femenina saltando en el aire como minúsculos juguetes divirtiendo a los rascacielos.
Tuvimos que esperar a que acabasen la canción para acercarnos a la cantante y preguntar quiénes eran.
—Oh —dijo, ahora en voz que apenas se sobreponía al viento que rugía en los tejados—. Pues, ese es Tim, Andy, John, Dave, y yo soy Saffron —concluye, pizpireta, adoptando un estudiado contrapposto—. Pero quizá os sonemos más como Republica.
Nos miramos. No, no nos sonaban.
—Okay, pues quizá os suene esto —y asió el micrófono como una pornostar cansada agarraría un pene no particularmente apetitoso, diciendo al grupo—: Chicos, la de siempre.
—Vale, sí, eso nos suena. Joder, ¡sois Republica, es verdad! ¿Qué fue de vosotros?
«Las mieles del éxito: multitudes botando, habitaciones de hotel destrozadas, tensión sexual entre los miembros del grupo... Era divertido», comenta Saffron, la cantante.
—¡Hemos vuelto! —anuncia Saffron— Hacemos giras por Reino Unido y ayer tocamos aquí en Tokyo, donde tenemos mucho fan. Estamos resucitando nuestros viejos éxitos.
—Por «viejos éxitos» querrás decir «viejo éxito».
—¡Eh! ¡No somos one-hit-wonders! Tuvimos por lo menos... ¡dos hits! Sólo que ahora no me acuerdo del otro.
—Creo que empezaba así —interviene el guitarra, tocando un verso.
—No, no me suena —descarta Saffron—. Bueno, el caso es nuestros quince minutos warholianos llegaron y se fueron. Luego el segundo álbum sufrió el síndrome del segundo álbum, el sello cerró, sacamos un greatest hits (ya, no preguntes; ni yo entiendo cómo llenamos ese disco), nos disgregamos... Pero durante nuestro breve lapso en la cúspide probamos demasiadas cosas buenas como para desacostumbrarnos. Las mieles del éxito: multitudes botando, habitaciones de hotel destrozadas, tensión sexual entre los miembros del grupo... Era divertido. Por eso, aunque sigamos probando suerte, revivimos lo conseguido siempre que podemos. Jugamos a ser mediáticos de nuevo. No pasa un año sin que nos reunamos para hacer cosas tópicas de videoclip como sentarnos en un sofá en la playa, viajar en un descapotable o tocar en una azotea. Muchos few-hit-wonders lo hacen.
Señaló al oeste. En una azotea al otro lado de la calle, reconocimos a los Chumbawamba, tocando Tubthumping (la de I get knocked down, but I get up again). Cuando acabaron, les saludamos, y ellos saludaron, y todos, cada uno desde su edificio, bebimos Asahi. Fue bonito.