Twitter celebra sus 5 años y sus 15 minutos de fama
Luego, al olvido y que venga lo siguiente. Sigue al Féisbuc, que te indicará el camino.

El 21 de marzo de 2006, Jack Dorsey (@jack), uno de los confundadores de la red social, twitteaba: «Configurando mi twttr». 5 años después, usuarios de todo el mundo con nombres mucho más rebuscados siguen twitteando mensajes igualmente intrascendentes. Esto es lo que en Internet se llama éxito.
Los tuiteros y abogados de la tecnología se apresuran a constatar que Twitter se ha convertido en un fenómeno social y cultural. Social, por haberse convertido en una moda que suerte tendrá si aguanta un año más antes de caer en el olvido (sigue al Facebook, que te indicará el camino); cultural, por... no sé... ¿por haberse adaptado a la limitación intelectual del hombre contemporáneo para leer más de 140 caracteres ajenos, y no a su capacidad de escribir muchísimos más?
Sea como fuere, Twitter ha estado ahí, atestiguando los acontecimientos de los últimos 5 años. Algo a lo que también se da un mérito desproporcionado. Por algún motivo, nos sorprende que Twitter se convirtiera en herramienta de comunicación en los días de las revueltas árabes, o que el SMS fuera crucial tras el 11-M. Pues es lógico, ¿no? Echamos mano de lo que tenemos. Si hubiera habido móviles en la GM2, el día del desembarco de Normandía habrían corrido muchos SMS del tipo «Mamá, ya stams en la playuki, mal dia pa bañarse». No tendría nada de especial.
Eso sí: los mismos medios que (por ejemplo) agradecen la labor de las redes sociales como medio de comunicación tras el terremoto de Japón se callan que, por ejemplo, es gracias a Internet que los ciudadanos españoles en Tokio han desmentido que se viva el pánico que los mismos medios publicitan. Y eso sí tiene mérito. Porque una herramienta de comunicación que solo sigue la corriente a los periódicos no tiene valor alguno.