¿Fama o infamia? ¡Qué importan tres letras más!
Acusan a una amateur de 13 años de pergeñar la peor canción de la historia. Qué más quisierais, profesionales

Historia real: Rebecca Black, 13 años, de California, quería ser cantante. Como todo es posible en la tierra de las oportunidades y Disney nos enseñó a perseguir nuestros sueños, Rebecca acudió con todos sus ahorros (o los de sus padres, eso tampoco nos ha quedado claro) a un sello especializado en lanzar artistas adolescentes, donde por 1.400 dólares le hicieron la letra de la canción, la grabaron y rodaron el videoclip. Después, Youtube hizo el resto, y en cosa de una semana, Rebecca es famosísima. Por lo lamentable de su obra, eso sí.
Hoy es víctima de cyberbullying (que es la versión aún más cobarde del bullying, tradicional, porque de encima de joder al prójimo lo haces bajo el nick de DarkShadow_69, sin dar la cara) y objeto de burlas por todo Internet. Sin embargo, su vídeo en Youtube lleva más de 42.000.000 de vistas, y la canción no funcionará mal en iTunes. La fama, de un modo u otro, ha llegado.
Rolling Stone titula: «La adolescente que arrasa con la peor canción de la historia». Una opinión que respaldarían, seguramente, varios artistas profesionales sobre los que cuelga ese sambenito como una espada de Damocles. Pero eso es injusto. Rebecca tiene muchas excusas: 13 años, 1.400 dólares y nadie a su alrededor lo bastante valiente para aguar sus locas esperanzas en vez de empujarla y darle carrerilla de cara a la enorme hostia que se ha pegado. (Padres españoles: vosotros no haríais nada muy distinto. No lo hacéis ahora. Véanse cástings de O.T.) ¿Qué excusa tiene, por ejemplo, Tam Tam Go por «le di todo mi amor a arroba love punto com»? ¿Eh?