Charlie, Cami, Leti y Feli: ¡vea los entresijos de la visita!
No tenemos fotos, pero tenemos imaginación

El príncipe y la príncipa herederos de la corona española recibieron la tarde del miércoles la visita de los príncipes de Gales, de la casa de Windsor, famosa por sus nudos de corbata. Hubo fotos oficiales, salvas, Ferrero Rocher, y luego se corrió un tupido velo informativo.
Velo innecesario, porque no nos imaginamos nada más aburrido que una reunión entre dos matrimonios pijales que se ven de uvas a peras y que tienen poco que hablar. ¿Qué van a decirse? «Pues mi madre está mejor de lo suyo.» «Ya, lo vi en otro día en el Hola.» «Ah, pues vale.»
El protocolo no permitirá estampas típicas. No veremos a Leti dando los últimos retoques a la cena ni a Camila sirviéndose copichuelas de vino blanco y pasando lista de bautizos, comuniones, bodas y defunciones en sus familias, mientras en la mesa, picoteando el vermut, Felipe le ofrece una cerveza a Carlos con un cordial «De esto no tenéis en Inglaterra, ¿eh?», y le enseña sus trofeos de caza. «Este oso lo cazó mi padre yendo cocido.» «Qué gracia, mi abuela también gustaba de agarrar la escopeta cuando cogía el puntillo.»
No habrá halagos a la cocinera ni intercambio de recetas («Es que a mi Charlie no consigo hacerle comer pescado»; «Ya, con mi Felipe, hasta que nos casamos, tampoco había manera»). No veremos a los hombres en el porche de la Zarzuela, mirando al horizonte festoneado de paparazzis, ni les oiremos ponerse serios y decirse cosas como «Todo esto será mío, dicen, pero macho, cada día lo veo más lejos...» «Ya, qué me vas a contar a mí.»
Y, por supuesto, dudamos mucho que después de la cena jueguen una partidita de Uno o hagan un SingStar. No digamos ya un abuso de las copas, un strip poker o un intercambio de parejas. Los anfitriones tendrían que ser MUY estúpidos para proponer eso. En resumen, nada que ver. Sigan andando.