La prostitución es indemne a la crisis
Quien esté en paro, o es muy feo, ¡o es que le da la gana!

Tenemos los datos: a pesar de la que está cayendo, el número de locales de alterne ha crecido en la última década: de 878 censados en el año 2000, a 945 en 2009, según la Guardia Civil. Ojo: el temporal les ha dado una colleja (1.037 whiskerías en 2005), pero el balance de la década sigue siendo positivo. En la Moncloa ya vuelan los corchos de champán.
Bastante menos positivos (deprimentes, de hecho) son estos datos: el 90% de las trabajadoras de estos sitios lo hace bajo coacción, según la Asociación para la Reinserción de Mujeres Prostituidas; cifra que representa un 90% más de lo que esta sociedad debería tolerar.
O sea, que por una vez que los números nos sonríen, nos engañan, nos llevan a la cama y nos dan por el culo. El único sector boyante del que tenemos constancia es de todo menos bonito. Ya es indignante que, en vez de limitarnos a consultar el registro mercantil, donde debería apuntarse toda empresa honesta, sea la Guardia Civil la que se encarga de pasar lista de clubes de carretera, saunas, meublés y demás variedades de puticlub, a fin de desarticular redes de trata y enchironar a proxenetas. El número de estos, por cierto, también es para echarse a llorar, así que ni lo decimos por no amargaros la mañana. Baste con decir que si los mierdas volaran, los clubes de carretera serían hubs internacionales.
Pero es doblemente indignante que se coaccione a gente para desempeñar ese trabajo (es más, que se la importe del extranjero para coaccionarla), y mientras tanto, media España está ahí, «fumando espero el empleo que yo quiero». Señores, dicen que donde hay crisis hay oportunidades. Aquí hay un negocio seguro y la oportunidad de dignificar una un gremio.
¿Quién dijo miedo? Alemania pide ingenieros; España necesita putos. Y pa ingeniero tenías que haber estudiao.