Decepción por la entrevista de BNF a González-Sinde: ¡No hubo sangre!
Se ve que algunos esperaba que un ministro socialista fuera a La Sexta a pasarlo mal... ¡Angelitos!

La ministra de cultura González-Sinde, más conocida en las redes sociales como «voy a insultar a esa señora y se me pondrá tieso el karma de Menéame» fue el lunes al programa de Andreu Buenafuente a dejarse entrevistar. Ignoramos por qué, ya que dudamos que tuviera nuevo disco o nuevo libro que presentar, pero el caso es que ahí estuvo. Y al día siguiente, que fue martes (según fuentes contrastadas, que uno hace periodismo de investigación) Buenafuente amaneció con un alud de agrias y atolondradas críticas de sus seguidores en Twitter. Lo cual duele, porque claro, una cosa son críticas de desconocidos, pero tus followers en Twitter, que son más que amigos a quienes donarías todos los órganos de tu cuerpo... ¡Qué dolor!
Pero así están las cosas. Se sabe que González-Sinde, con su poco eficaz cruzada contra las descargas, el P2P y en general todo lo que vaya más allá del fax en la evolución tecnológica, se ha convertido en némesis de un amplio y ruidoso sector de los foros de uniopinión en Internet, los llamados (demasiado genéricamente) internautas o, más apropiadamente, los de «exijo cultura gratis pero jamás he entrado en una biblioteca pública». Y este sector, por otro lado más o menos afín a la línea del Público, 20 minutos y Gran Wyoming, se sintió profundamente contrariado cuando vieron que Buenafuente, paladín de La Sexta, no solo no ponía a la ministra contra las cuerdas, sino que ¡hacía bromitas! ¡Contaba chistes! ¿Pero quién se ha creído Buenafuente que es?¿Un humorista?
A juzgar por la dimensión de la polémica, entre críticas de unos y apoyos de otros, cualquiera diría que han pillado a Andreu echando unas risas con (¡ley de Godwin!) Hitler. Que es, absurdamente, y a falta de un Hitler de verdad, el rol que ocupa hoy González-Sinde en el imaginario internetil español: un muro contra el que toda la ira, la descalificación y el rencor infantil están justificados; un frontón para entrenar el odio. Desgraciadamente, el odio nubla el sentido del humor.