Fracaso estrepitoso de la primera guardería del Vaticano
Nadie se atreve a dejar a sus hijos allí mientras atiende sus asuntos en la ciudad pontificia

La guardería está en Ciudad del Vaticano, pero la (dudosa) idea de ponerla allí es de un español, Jacinto Garbajosa, un emprendedor decidido a combatir la crisis con brillantes iniciativas, y que por ahora ha perdido todas las batallas.
«En el Vaticano tienen cafetería e incluso gimnasio, pero hasta ahora no contaban con guardería para los empleados de la basílica», cuenta Jacinto, que fundó la primera instalación de estas características en el estado más pequeño del mundo (en plaza San Pedro, 1 bis).
«Ya me avisaron de que la población está más bien envejecida, pero yo contaba con que turistas, peregrinos y jefes de estado en visita oficial echarían en falta un sitio donde aparcar a los niños mientras le besan los anillos al santo padre.»
Desgraciadamente, en dos meses de funcionamiento nadie ha tenido valor de dejar a sus hijos en la guardería del Vaticano. «Quizá no debimos emplear monitores nativos; se ve que no inspiran confianza», lamenta ahora Jacinto, que no vacila en calificar este chasco como su mayor fracaso desde el solárium que abrió en Swazilandia, o la tocinería que ardió misteriosamente segundos después de su inauguración en Omán.
Por suerte, Garbajosa no conoce la palabra rendirse (ni muchas otras, como jitanjáfora, por ejemplo), y está decidido a volver a probar suerte: «Mañana mismo quito la guardería y en el mismo local monto una discoteca, que este barrio, por las noches, está muy muerto.»