De la minoritaria serie «Qué Fue De»
Fido Dido: «Siempre ha de haber un número dos. Es lo que define al número uno»

Fido Dido es todavía más blanco y negro en la vida real que en la tele. Sobre todo más negro, desde que viste traje a juego con su PDA. Hoy su imagen ejemplifica el sueño americano: de mascota de 7Up dibujada a rotulador en una servilleta a CEO de la compañía Pepsico. Escabullido de una reunión de estrategias de márketing, pasa por su oficina a por las llaves del Hyundai y pulsa el botón del interfono:
—Hildegarde, voy a comer. Cancele mi cita de la una.
—Demasiado tarde, señor Dido. Ya les he hecho pasar. Están en su despacho.
Fido Dido levanta la cabeza y nos encuentra al equipo de QFD, saludando con la mano como un autocar de colegialas niponas.
—Mierda. Está bien, les concedo diez minutos —dice, a la manera de un genio de la lámpara, sentándose y reclinando el respaldo de su silla ergonómica hasta dar la impresión de ir a volcarse y caer al vacío de nubarrones grises, del que solo nos separa una pared de cristal.
—Gracias. Señor Dido, en los años 90 era usted la imagen del individualismo y la despreocupación juvenil; hoy es consejero de una de las mayores corporaciones de la industria alimentaria. ¿Cómo explica ese cambio?
—Se lo voy a decir en una palabra: madurez. He progresado junto a esos jóvenes despreocupados que hacían autostop con camisetas con mi cara y hoy van a trabajar al bufete de abogados en monovolumen. Nuestro mundo es competitivo, y nos obliga a evolucionar.
—Y sin embargo, usted es fiel a 7up y a Pepsi, que ha sido tradicionalmente la segundona en la carrera de las bebidas carbonatadas.
—Bueno —matiza Fido—, yo más bien diría que dirigimos nuestra oferta a un sector de mercado que rehúye la masificación.
—Yo insistiría en decir que es segundona, si no le molesta. Es como conducir un Hyundai en lugar de BMW, usar Bing en vez de Google, preferir Dreamworks a Pixar, Burger King a McDonalds, Real Madrid al Atlético...
—De acuerdo, guardo una cierta lealtad a mi compañía —corrige Fido, sirviéndose una bebida de las no azucaradas que forman su mueble bar—. Mi tiempo como imagen comercial pasó; opté por seguir mi ascenso.
—Y tomó su lugar como mascota del 7up aquella especie de ficha de parchís roja, Cool Spot.
—No era una ficha de parchís, era un topo.
—Que fue muy popular, sin embargo. Tuvo un videojuego en la Mega Drive, y todo.
—No era más que un punto.
—Un puntazo, más bien, con aquellas gafas de sol tan chulas.
—¡Era una jodida redonda roja! —grita Fido Dido, sustituyendo su característica frialdad por un manotazo al mueble mar, que se traduce en un trágico terremoto entre la metrópolis de botellas—. ¿Cómo pudo ese concepto geométrico tener más carisma que un personaje antropomórfico perfectamente delineado? ¡No era más que un punto! ¡Un puto punto! ¡¡Un punto y punto!!
Se hace el silencio, y la lluvia repiquetea en el cristal panorámico. Fido Dido recupera la compostura. Es entonces cuando le comprendemos. Consejero delegado (júnior) de Pepsico, segunda mascota más popular de 7up... Siempre el segundo.
—Siempre ha de haber un número 2 —dice para sí, como quien repite un mantra—. Es lo que define al número 1.
De pronto, el dibujo blanco y negro que vuelve a sentarse a la mesa se queda negro del todo. Un relámpago ha dejado a oscuras el edificio central de Pepsi. Posiblemente, esto en Coca-cola no pasaría.
—Maldición —masculla Fido—. Otro ataque de la competencia. Querrán robarnos la fórmula secreta.
—¿Quién cojones va a buscar la fórmula secreta de la Pepsi?
En ese momento, los asaltantes se recortan en el umbral de la puerta, para lo cual han tenido que hundir la misma de un patadón, enviando la hoja a nuestros pies. Otro oportuno relámpago (de los segundones, los que siempre pretenden resarcirnos por el apagón que causa el primero) nos permite verles la cara. Una cara que sólo enfermos del QFD reconoceríamos.
No vienen por la fórmula. Vienen de la radiofórmula. Pero eso se verá la semana que viene.
Continuará...
