Noticias vaticanas (sí, nos paga Mahoma por hacerlas)
Cateados del examen de beatificación denuncian tongo en el caso Wojtyla
«Los muertos siempre tienen prioridad», denuncia un beatificable que ha suspendido dos veces la asignatura de milagros

Hablando de milagros, fíjense en este: el autor de este dibujo de 2009 volverá a cobrar por él cuando no ha hecho más que cambiar el texto de las pancartas. ¿Es humana tanta astucia?
Aunque las cosas de palacio van despacio (frase que dignifica a la par que justifica la ineficacia de cualquier empresa de mierda), la beatificación de Juan Pablo II se ha tramitado con envidiable velocidad. Demasiada, en opinión de unos cuantos candidatos a la beatificación que sienten que el difunto papa ha recibido trato de favor, e insinúan incluso que su candidatura se ha juzgado con un rasero distinto.
«Los muertos siempre tienen prioridad; y personal y accionistas de la empresa, ni te cuento», denuncia el joven Cardenal Palluzzi (65 años), que lleva desde los 55 batallando con las oposiciones para beato, con menos suerte que Karol Wojtyla. «¿Un ex papa? ¡Imagínate! El examen es un mero trámite para ellos.»
No así para los candidatos de más baja extracción y los que intentan la beatificación in vita, para los que las condiciones son mucho más duras: «Tenemos muy pocas convocatorias, matrículas, exámenes de los de opción múltiple en plan puta... Esto, Wojtyla, se lo ha saltado, con la excusa de estar criando malvas y eso.»
Otro tema es el de los milagros: es sabido que se necesitan dos para proceder a la beatificación. Palluzzi, que ya se sacó el primero en 2009 (dio de baja una línea de ADSL con una sola llamada), y tiene pendiente el segundo, opina que «el jurado de milagros ha sido muy generoso, aceptando un par de trucos poco vistosos y realizados en condiciones poco claras como intervención divina».
Paluzzi suspendió el segundo milagro el pasado septiembre cuando intentó curar a un ciego («los clásicos siempre gustan»), pero no logró más que volverlo bizco. «En junio, convertí un vaso de agua en vino y me catearon porque me salió picado», protesta Palluzzi. «Y al otro le aprueban por curarle el parkinson a una monja, que se ve a la legua que estaba apañao, que yo he visto la celda de la hermana y la tiene empapelada de pósters de Wojtyla, algunos con flequillo pintado a lo Justin Biener. ¡No hay derecho!»
Palluzzi y los demás beatificables se muestran desengañados, pero creen que han aprendido la lección: «lamer culos, morir joven y dejar un bonito cadáver: está visto que es la única manera.»