Nuestro titular sirve tanto para el fin de los Madrid-Barça como para hablar del día en que dejaron de hacerse películas en blanco y negro
Se acaban los clásicos
Ahora sí que el mundo respira tranquilo y no cuando mataron a Bin Laden

Ya está. Podemos decir que nosotros lo vivimos. Podemos decir que nosotros lo sufrimos. El clásico del fútbol patrio reducido a la categoría de día de la marmota, pero en lugar de Andie MacDowell dándole bofetadas a Bill Murray estaba Mourinho (o su alter ego Karanka) quejándose de los árbitros. Hacía hasta ilusión al principio, pero al final ha resultado agotador. Un Barça-Madrid (o Madrid-Barça, que no se nos enfaden) tiene que ser algo reservado para las grandes ocasiones. Como el champán caro. O como el champán barato, que últimamente no están los bolsillos como para hacer grandes gastos, aunque con tanto partido la gente no tiene tiempo de pensar en esas cosas (como ya dijimos en portada, “Pan, poco... pero de circo ¡os vais a cagar!”).
Centrándonos ya en el clásico de ayer: ambos equipos empataron, una jugada invalidada acabó en un gol del Madrid que no subió al marcador y facilitó material para los periódicos deportivos durante los próximos quince años (aproximadamente), los madridistas denunciaron una vez más una mano negra (y no nos referimos a la extremidad de Adebayor, que iba repartiendo leña como si eso fuera rugbi) y Guardiola aguantó las pullas con una serenidad exagerada y sin opinar siquiera (el superguerrero cabreado que fue en el Bernabeu ha digievolucionado a Madre Teresa, qué se le va a hacer).
Pero, en el fondo, ¿qué más da lo que digamos aquí? Lo que estáis deseando es ir a los comentarios y poneros a caldo los unos a los otros. Y no es que aprobemos la violencia, pero ya no sabemos qué más contar (casi que el fútbol no es lo nuestro) así que, por una vez y sin que sirva de precedente, os animamos a desahogaros aquí abajo (que sería mejor salir a manifestarse por cosas importantes, no decimos que no, pero ya sabemos que en este país las prioridades están ordenadas de forma absurda). ¿Hay en efecto conspiración judeomasónica del Barça, la UEFA y Unicef? (nos atreveríamos a decir que Bin Laden les ayuda, pero casi que ahora lo tiene difícil) ¿O lo único que hay es la inundación que provocarán los jugadores y técnicos del Real Madrid con tanto llanto? Hala, a opinar. Intentad no haceros mucho daño.