Frase más oída en los ayuntamientos de España toda
22-M: «¿Ya está? ¿Ya soy alcalde? Bien... ¡¡Desalojemos a esos patanes!!»

Pues ya está: la fiesta de la democracia ha pasado, y al cierre de este artículo (como decía el doctor House, «hay mucho porno acumulándose en Internet, y no va a bajarse solo») al final no ha habido grandes sorpresas. Lo cual no quita que los analistas políticos vean giros dramáticos en datos absolutamente irrelevantes: es lo que suele pasar cuando tienes un hobby, que sufres de un entusiasmo por lo anecdótico difícil de compartir. El PSOE se va a la mierda: lo que las encuestas decían.
Satisfacciones, hay alguna: quien después de las acampadas quisiera ver a los dos grandes pegándose una buena hostia, puede mirar hacia el País Vasco: el movimiento de Democracia Real Ya! no habrá tenido mucho que ver, pero el sopapo que les ha metido Bildu a PSOE y PP es pa verlo. ¡Zas!, en toda la boca. Después de años sufriendo zancadillas constantes de sociatas y peperos, que han usado hasta el Tribunal Supremo para frenarles, Bildu ha arrasado y es la fuerza con más regidores de Euskadi, y la segunda por votos, tras el PNV. El Supremo puede ponerse una medalla: ha estado a punto de ilegalizar la opinión de la mayoría de vascos. Gracias, señorías; cuando estemos listos para mandarles a tomar por culo, les llamaremos.
En el resto, quien se la pega es el PSOE, y el que arrea con más fuerza es el PP o los nacionalistas: CiU se hace con el ayuntamiento de Barcelona y otros feudos históricamente rojos; Camps arrasa y confirma que lo de Valencia es racional por la parte de los cojones; la abstención no ha crecido; los partidos pequeños, pequeñamente; todo esto ya lo decían las encuestas y todos los columnistas se lo veían venir.
Los acampados dicen que seguirán una semana más. Será si los alcaldes quieren. Que ahora, y hasta dentro de cuatro años y cuarenta semanas, ya no tienen que quedar bien con nadie.