Puig no lamenta las cargas, pero sí las imágenes: ¡es que no os arregláis ni pa la foto, coño!
Proponen que los antidisturbios lleven cámara en el casco. ¡Ese casco lo que necesita es un exorcismo!

Las críticas masivas contra la actuación policial en la acampada de Plaza Cataluña, en Barcelona, no tendrán mayor consecuencia, por el momento, salvo en el cuerpo de los Mossos d’Esquadra, donde están estudiando cambiar su lema a «Ponemos los disturbios en ‘antidisturbios’». Felip Puig, consejero de interior de la Generalitat, es inmune a las críticas, y ha afirmado que no lamenta cómo fue la operación, aunque sí las imágenes, que son «duras» en algunos casos.
En efecto, las imágenes duelen a la vista. Lo cual nos lleva a pensar que debían de doler bastante más en la realidad, si estabas debajo de la porra. Aunque para Puig, seguramente, eso ya es suponer mucho. Esto es como las bofetadas entre payasos, que como suena tanto parece que duela mucho, pero en realidad es de risa.
Por eso Puig ha planteado dotar de una cámara en el casco a los antidisturbios, para ver el barullo desde su punto de vista. Que si no, siempre nos ponemos del lado de los acampados, que son mayoría, y contra el pobre antidisturbio que está ahí solito con su porra y sus bolas de goma. Animalito.
Nosotros, sin embargo, le sugerimos que olvide la cámara: lo que esos cascos necesitan es un exorcismo. Porque sí, nosotros respetamos la labor de la policía, intachables funcionarios y blablablá; pero lo de ese casco, que en cuanto se lo ponen se convierten en putos descerebrados sin el más mínimo criterio, que pegan a todo lo que tienen delante, sea hombre, mujer, bebé o un paralítico —y lo hemos visto en Plaza Cataluña y en cada actuación suya, cientos de veces—, es pa estudiarlo. En serio, señor Puig: o el uniforme de antidisturbios está poseído por el espíritu de Atila el Huno, o sus hombres son unos descerebrados de entrada. ¿Le cuesta admitir lo segundo? Pues llamemos a Iker Jiménez.