En la Real Academia de Historia, con Franco, estaban mejor
No es tan fácil ser riguroso en una biografía del Caudillo si no te dejan usar la palabra «hijolagranputa»

Se ve que el Diccionario Biográfico Español, obra magna de la Real Academia de Historia (institución desconocida hasta ahora por muchos de nosotros) está levantando ampollas en algunos sectores, donde se cuestiona el rigor y objetividad de algunos biógrafos. Por ejemplo, el de Francisco Franco, al que su artículo describe como un líder «inteligente y moderado», y un hombre «valeroso y católico».
Sobre lo del rigor ya se ha despejado cualquier duda: resulta que los autores se repartían las biografías según les apetecía, de modo que la de Franco se la pidió un tal Luis Suárez, presidente del club de fans del dictador, que le escribió un artículo como no se lo habría escrito ni la abuela del generalísimo.
Y ojo, que la idea no parece tan mala. Seamos sinceros: encargarle el mismo artículo a un nieto de republicanos pariente de Salvador Puig Antich tampoco habría hecho mucho por la objetividad de la obra. Y además, emplear la palabra hijoputa en la biografía de alguien está muy mal visto, por apropiada que parezca.
Si nos ponemos a cribar, no hay nadie aún en España (esto es lo triste) que pueda escribir fríamente sobre Franco, sin caer ni en el rencor histórico ni en la grumosa necrofilia de César Vidal. Estamos sesgados por fuerza. Entonces, al menos, dejémonos sesgar por el lado positivo: Franco era valiente y católico, Aznar es un culturista cachondo e Isabel la Católica tendía a la ideología hippy en cuanto a sus hábitos de higiene. Sí, claro, la Real Academia de Historia podría ponerse chula y volverse negativa, crítica, ácida y destructiva... pero nos quitaría el trabajo.