Un señor de Tudela orina la piedra filosofal
Su cálculo renal resultó ser el grial de los alquimistas

Tudela. — Don Agustín Mugrilla Bastuerzo no cabe en sí de gozo después de que las piedras en el riñón que habían convertido el pis matutino en un viacrucis no sólo hayan desaparecido, sino que una de ellas ha resultado ser la piedra filosofal, anhelada por los alquimistas durante siglos y dada por perdida para la ciencia de un tiempo a esta parte.
Don Agustín, que hasta que ha consultado la Wikipedia conocía apenas el legendario valor de este picatoste en su orín («yo estudios no tengo, hijos míos», confiesa a los periodistas, segundos antes de volcar sobre ellos una crónica de su infancia en la posguerra tan dramática como soporífera), no tiene reparos a la hora de comparar los desvelos y vicisitudes de los alquimistas a la zaga de tan preciado mineral con el titánico y no menos doloroso esfuerzo que a él le ha supuesto expulsarlo por su uretra. Tras ser analizada en el prestigioso laboratorio tudelano de Valcárcel e Hijos, se descubrió que el cálculo renal del señor Mugrilla tenía las propiedades de convertir el plomo en oro y resucitar a los muertos.
Sin embargo, Don Agustín, que es dueño del pedrusco en toda regla, ha decidido que lo usará de pisapapeles, y así será motivo de conversación con las visitas. «Preveo que '¿te he contado cuando oriné la piedra filosofal?' tendrá tanto éxito en mi anecdotario como 'cuando yo iba al colegio tenía que andar seis kilómetros a través de un campo de minas, y nevando', o 'aquí donde me veis yo me jinqué a la baronesa Thyssen'», dice el abuelo, emocionado.