De la cupulífera serie 'Qué Fue De'
Pepe Navarro: «Mi vida es un ‘late show’: lo interesante llega a partir de las doce»


Pepe Navarro: su rostro, su nombre y sus redobles sobre la mesa cuando no sabía qué decir son parte de la historia seria de la televisión en España. Y con seria nos referimos no al recopilatorio de clips de risa y despiporre, sino a documentales sobre periodismo en medios audiovisuales y a la historia de los hombres y mujeres Hermida. Pepe era de esos; hizo su magacín de mañanas, su magacín de tardes, y —por no encasillarse— inventó el magacín de noche. Bueno; no lo inventó tanto como importó la fórmula estadounidense: mesa para el anfitrión, sofá para los invitados, ventana con skyline al fondo y un saxofón; en cualquier caso, fue un pionero. Y como por aquella época Telecinco apenas había perdido la florecilla y despedido a las Mama Chicho, en su Esta noche cruzamos el Misisipi añadió al conjunto una señorita desnuda bailando tras un cristal, señal del tono que tendría el programa.
Quizá sea la misma señorita que empieza a menear las caderas al ritmo del saxofón que arranca un laxo intento de melodía, como si narrara el derretimiento de un Calippo, al entrar nosotros en el loft de Pepe Navarro, entregar nuestros abrigos al maniquí vestido de mayordomo y sentarnos en el sofá, entre aplausos enlatados, de espaldas a la ventana panorámica tras la cual bulle la noche de Sabadell con miles de luces olvidadas en bloques de oficinas.
—Esta noche tenemos con nosotros a tres personas —calcula certeramente Pepe Navarro, girando sobre su silla y regalándonos un redoble sobre la mesa de caoba—. Un productor, una fotógrafa y un redactor. Tres personas. Tres siglas. Pero juntos forman un solo equipo. Demos la bienvenida a los muchachos y muchacha del ¡Qué Fue De!
Y vuelven a sonar aplausos y nosotros sonreímos mientras buscamos una cámara a la que sonreír.
—Nos encanta que hayáis venido —insiste Pepe, y suponemos que usa el plural en nombre del maniquí vestido de mayordomo (que creemos que es un humano), del saxofonista y de la moza que baila tras el cristal, que posiblemente es un maniquí de verdad—. Tenéis pocas ocasiones de parar en España; ¿qué os ha traído esta semana de vuelta a vuestro país?
—Bueno, pues...
—Debo recordarles —interrumpe Pepe (lo hace mucho), dirigiéndose a lo que él debe de tomar por una cámara, pero nosotros estamos casi seguros de que es un ficus— que estos tres fenómenos recorren los cinco continentes en busca de viejas glorias, siempre respondiendo a la pregunta «¿qué fue de?» Por eso os pregunto —repite, aporreando la mesa—, ¿qué referente cultural semiolvidado habéis venido a buscar? ¿Qué estrella fugaz, qué meteorito, qué dinosaurio mediático va a despertar de su letargo con vuestra visita?
—Er... Pues... Eh...
—Yo os podría dar los nombres de unos cuantos. Florentino Fernández, por ejemplo. Venía aquí, haciendo de Chiquito, se creía muy gracioso... ¿Qué fue de él? ¡Nada se sabe!
—Tenía programa en La Sexta hasta hace cuatro días.
—¿La sexta qué? Perdonad, el teléfono —nos corta, volviéndose hacia el aparato de color rojo que suena, precisamente, con la voz de Flo canturreando «cuidadín, cuidadín». Pepe atiende la llamada. Nosotros seguimos buscando una cámara.
—Perdonadme, es la invitada de mañana —dice Pepe—: Vikki Luxx, con doble ka y doble equis: ¡la reina del porno! ¿Os acordáis? Cada semana traía una reina del porno distinta, cuando tenía programa. Eso sí era un trono disputado, y no los reyes godos. Claro, como entonces no había internet, la gente se creía que la reina era cualquier pilingui. Ahora ha cambiado mucho.
Nosotros, tímidamente, le hacemos notar el mayor cambio: que Pepe Navarro ya no tiene programa.
—No, cierto —cuenta, y sabemos que se ha puesto serio porque las luces se atenúan un poco y él se pone de pie y rodea la mesa, revelando unos tejanos tan ceñidos que hacen que el paquete parezca el tráiler de una peli en 3D—. Pero el late no es sólo un género televisivo; es un modo de vida. Lo interesante siempre llega a partir de las doce. Hoy venís vosotros, mañana viene Vikki Luxx, pasado vendrán mis colegas los tertulianos, hablaremos de algún sórdido crimen sin resolver y nos echaremos unas risas. Les encanta venir a mi casa. Recomiendo a todo el mundo tener un saxofonista para recibir a los invitados; una cenita con amigos se convierte en un éxito. Creedme, presentar programas, puede dejarse. Ser un buen anfitrión, imposible. Y ahora, contadme —dice, volviendo al tono intimista—: ¿Quién es la momia que vais a entrevistar esta semana?
