Un hombre escribe un árbol, planta un hijo y tiene un libro
Pese a la confusión, asegura sentirse muy realizado

José Martí rehusó hacer comentarios sobre el caso de John Patratsky, alegando que estaba muerto y tal.
Massachussetts. — John S. Patratsky, que de toda la vida ha llevado con orgullo la etiqueta de ser el tonto del pueblo (y, como decían en Cheers, tiene su mérito, porque vive en Boston), se siente hoy realizado como persona. Y todo gracias a que ha cumplido las tres premisas del poeta cubano José Martí para tener una vida completa: plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. Cosas que él, naturalmente, ha hecho a su manera.
John puso el punto y final recientemente a su obra literaria, escrita (mejor dicho, grabada) en la corteza de un fresno, durante años. Las palabras, admite, no son del todo suyas: corresponden al libro que adoptó recientemente y al que asegura haber criado «como a un hijo», dada la imposibilidad anatómica de parir uno, o de parir cualquier cosa, a secas. John encontró a su libro huérfano abandonado en su propio porche, como antaño se dejaba a los niños indeseados en la escalera del templo. Los vecinos creen que se trata de un catálogo de venta de segadoras y material de jardinería que repartieron por el vecindario, aunque como John lo cubre con ropita de bebé, es difícil ver la portada.
El lado trágico de la noticia, por supuesto, lo protagoniza el tercer elemento de la tríada, el «plantado». El hijo natural fue encontrado por la policía el jueves, enterrado hasta las rodillas en el jardín, atado a una caña «para que creciera derecho», y con evidentes síntomas de malnutrición después de que John lo alimentase a base de una regadera cada dos días y abono cada cuatro durante tres semanas. Por culpa de este incidente que los servicios sociales se empeñan en calificar de «abuso atroz» (aunque muchos geranios disentirían al respecto) , John pasará el resto de su vida en la cárcel, aunque a él poco le importa poco: ¿qué más le quedaba por hacer en la vida?