Proliferan las comisarías con final feliz
Los chinos se hacen cada día con más negocios, y saben tratar al cliente

No pocos en Cerdanyola han matado a alguien para que la inspectora de homicidios Lin Chi se encargue del caso. La mayoría encontraron que del turno de noche se encargaba el detective Chang Bang, cuyo nombre significa "enculador de yaks", que, además de encarcelarles de por vida, les puso mirando a Tiananmen. Gracioso.
Cerdanyola del Vallès. — Peluquerías, bazares y bares llamados Casa Pepe son negocios que en España ya están prácticamente en manos que los inmigrantes chinos, pero la conquista amarilla no ha hecho más que empezar. Siempre en busca de nuevos sectores de expansión, los orientales han estrenado en Cerdanyola del Vallès una nueva franquicia: comisarías de policía privadas en las que se ofrece incluso final feliz.
Trámites tan anodinos como denunciar el robo de una bicicleta, renovarse el DNI o una rueda de reconocimiento pueden convertirse en una más que grata experiencia en la comisaría Dragón Feliz, de la calle Poeta Boganza, donde además el cliente es atendido con la proverbial diligencia china que hace palidecer el servicio español, y no digamos ya al funcionariado, al que casi nunca se le ven detalles, y mucho menos como estos.
«Fui a entregarme a comisaría después de haber matado a mi padre a martillazos», explica Javier L. Ñ., cliente satisfecho, «y chico, ¡qué atención, y qué buen trato! Para cuando me leyeron mis derechos y me esposaron, no podía ni oponer resistencia, ni ponerme derecho. Cuando la ley tiene razón, tiene razón», asevera Javier, que ya está entre rejas y esperando juicio. Si las comisarías chinas siguen proliferando, mantener la ley y el orden será un placer.