«Alaska y Mario, os declaro marido y mujer. En ese orden»
Culmina así un reality que ha legado momentos de grandeza a los programas de zápping

Madrid. -- ¿Quién dijo que la Movida estaba muerta? Sigue viva y en plena forma, sólo que ni en sus mejores días hizo tanto como recordamos. Alaska llenó programas musicales cuando iba con los Pegamoides, y hoy llena un reality en la MTV y programas de zápping que se nutren de las antológicas gansadas de Mario. Ojo: no ha bajado el nivel; se ha adaptado. ¿O es que existe algún programa de música en la televisión actual?
Ayer se emitió el último capítulo: el bodorrio, al que asistieron famosos a punta pala. Fue muy emotivo. En El Jueves lloramos de alegría calculando la improbabilidad de que algún día nos inviten a una boda, que ya es una tocada de cojones, y encima te toque compartir mesa con Carmen Lomana. ¿Os imagináis algo peor? ¿No os entran sudores fríos nada más pensarlo?
El final de Alaska y Mario, sin embargo, ha dejado un sabor amargo a algunos, como suele pasar con los finales de todo gran programa. Para muchos fue una agria sorpresa que, en el momento del «sí quiero», Mario Vaquerizo no se quitara la peluca y resultara ser el moreno de Cruz y Raya. Pues parece ser que no, que Mario existe de verdad.
«Para mí, ese personaje no es creíble; se han cargado el marco de credibilidad de la serie», asegura un fan decepcionado. «Cosas veredes, Sancho», le decimos nosotros, porque nos mola acabar los artículos citando a Cervantes. «Cervantes Bahamonde», añadiría Mario si nos escuchara.