De la tétrica serie Qué Fue De
El guardián de la cripta: «¿Dónde se ha visto que las criptas necesiten guardián?»

Era una noche oscura y tormentosa. Rayos y truenos mal sincronizados rasgaban de vez en cuando la oscuridad, dibujando por una fracción de segundo el horizonte de árboles jorobados de Maryland. Seguimos un esbozo de carretera indicada por toscas señales de madera podrida decoradas con huesos humanos, como es costumbre en estos parajes góticos, y también en Extremadura, nos han dicho. Supimos que llegábamos a nuestro destino cuando a nuestro vehículo se le acabó la gasolina, pinchó una rueda, se le sobrecalentó el radiador, perdió seis tapacubos y le explotó el motor; todo a la vez. No olvidemos de dónde salió nuestra furgoneta: está especialmente adiestrada para detenerse al llegar al epicentro de un pasaje del terror.
Según nos revela el GPS segundos antes de estallar en llamas, nos hallamos en la comarca de Cypress Murder Massacre Hills: un curioso topónimo que sin duda esconde una historia interesante. Pero ahora nos preocupa más saltar la verja del cementerio abandonado y buscar refugio en alguna cripta confortable. Una donde esté enterrada una niña jovencita, por ejemplo, que siempre es como más entrañable y suelen tener hilo musical como de cajita de música sin pilas.
Sin embargo, ni el aguacero ni las tinieblas nos impiden pasar de largo el rincón más acogedor del camposanto. Un agónico neón amarillo, emitiendo un zumbido que atrae y electrocuta fatalmente a todos los insectos de la zona, reza cíclicamente: «Visite al Guardián de la Cripta». Al pie, un destartalado edificio con souvenirs a la venta en el porche: palas, ataúdes de bebé, camisetas de «Yo estuve en la cripta...»
El guardián sale a nuestro encuentro en el hall con un cordial buenas noches, luego se ríe, sin duda por un chiste que debe de haber recordado, y luego nos grita que no le dejemos los paraguas y los abrigos tirados por el suelo. Se conserva igual que le recordamos: fatal.
Pasamos al salón. Un hermoso fuego y algo que hasta hace poco estaba vivo arden en la chimenea. El guardián, que hasta ahora leía cómics de EC a la luz de un quinqué, nos ofrece un refrigerio: «Tengo un aguardiente para entrar en calor que puede resucitar a los muertos —confiesa, entre risillas—; receta familiar e ingredientes frescos: larvas recién desenterradas. También tengo Coca-cola.»
«Tres Coca-colas, por favor.»
«Cagonlaputa, jamás me libraré del maldito aguardiente», refunfuña, perdiéndose por la cocina.
Así es la vida del guardián de la cripta: pocos visitantes y poquísimo trabajo. «Ahora que ya no cuento historias de terror, me he dado cuenta de que este empleo es una mierda: ¿desde cuándo las criptas necesitan guardián? ¡Como si fuera a escaparse alguien!»
En efecto, lo difícil es salir de este entorno; pero el guardián salió en su momento. Protagonizó los sórdidos cómics de EC y se convirtió en anfitrión de una aclamada y posteriormente censurada serie de televisión, que contó con un spin-off de dibujos animados, tres películas... «De pronto me convertí en estrella, yo, que basta con verme para augurarme muy poco futuro fuera del aburrido sector de la vigilancia de cementerios», lamenta, señalando su carne putrefacta y pelo deshilachado.»
Desgraciadamente, este encasillamiento le impidió disfrutar de la vidorra que otros has-been se pegan participando en programas de televisión, de star-guest en star-guest. «Tuve unas pocas apariciones estelares», admite, enseñándonos fotos autografiadas de otras estrellas, tan fugaces como él, con las que compartió pantalla. «Estuve en un capítulo de Vacaciones en el mar, por ejemplo. Y también en un episodio de Colombo.»
«No nos diga más: usted hacía de muerto.»
«Pues no. Hacía de rica heredera. Una extraña decisión de casting, pero mira, me permitió experimentar... De hecho, aún guardo los vestidos, y a veces, en mi habitación...»
Reanudamos el camino al amanecer (por supuesto, la furgoneta se había arreglado sola), tras despedirnos de nuestro anfitrión. Encasillado, al fin y al cabo: las historias del guardián de la cripta siempre dejan mal sabor.
