De la urbana serie «Qué Fue De»
Shaggy: «Si en Los Ángeles se tomasen el rap tan en serio como en Jamaica, no vivirían en Malibú»

Tenemos una visión sesgada de muchos pequeños países desconocidos. Jamaica, por ejemplo, nación simpática y de bandera popular entre fumetas y perroflautas: nos lo imaginamos como una isla de palmeras y chozas de madera, en cuya capital las chozas de madera son de hasta tres pisos, donde suenan perennemente las gaviotas y una base de reggae (que es lo que toca un guitarrista curtido cuando se duerme con una guitarra en la mano, o cuando muere), y donde todo el mundo lleva gorritos tricolores, fuma canutos y toca los bongos, si son capaces de coordinar las tres acciones. Nada más lejos de la realidad: Jamaica no es el paraíso narcoléptico que nos enseñan los anuncios de Malibú. Contiene ciudades (al menos una) que contienen suburbios que contienen junglas urbanas, donde prevalece la dura ley de la calle y los señores del hip hop hacen su guerra.
«Recuerdo una vez un negro», nos cuenta Shaggy. «Llegó al barrio con su mierda de negro y se puso a rapear, negro, ¿sabes lo que te digo? No podía rapear una mierda, el negro, pero empezó a decir esa mierda de que Shaggy es un negro de mierda, Shaggy no rapea, esto es rap, yo soy el negro. Mierda, tío, como te digo. Ese negro necesitaba una lección. Total, que un día me harté de su mierda de negro, cogí a mi negro, cogí mi mierda, fui a donde él estaba y ¡BANG BANG BANG! Le vacié un cargador en plena calle.»
Se forma un silencio, y Shaggy da una calada al rol que se está fumando, y los demás oyentes asienten, o sufren un ligero espasmo que podría pasar por asentimiento. Y al cabo de un minuto preguntamos:
«¿Murió?»
«No, qué va. La bala más cercana le pasó a cien metros. De todos modos, mejor, porque no era él. Me equivoqué de negro.»
Afortunadamente (afortunadamente para el mobiliario urbano y los que pasen por allí, queremos decir) Shaggy no tiene que sacar la pistola a menudo. Que es el rey del hip-hop en Jamaica casi nadie se lo discute. No puedes citar a muchos raperos jamaicanos —si puedes— antes de llegar al tipo que cantaba Boombastic en un anuncio de tejanos («Mister Lover Lover»), y que más tarde (2000) volvió a aparecer por las listas europeas con la muy campechana y no extraordinariamente machista It wasn’t me.
Desde entonces, Shaggy ha estado ocupado defendiendo el territorio conquistado: «La calle es así», resume Shaggy, con el aire filosófico que te confiere ir ciego a las once de la mañana. «Mierda, el juego es así, negro, ¿me captas?» Estamos por confesarle que no somos negros, pero nos abstenemos. «Cuántos grandes raperos jamaicanos han perdido el juego, negro.»
«¿Muertos?», le preguntamos a un socio de Shaggy en un aparte.
«Bueno, o jodidamente tocados a la mañana siguiente, ya sabes», nos contesta.
«¿MC Coco?», empieza a pasar lista Shaggy. «Perdió un duelo en un submarino contra Kingsta Pac en el 77. Seis horas aguantaron en un cuarto que parecía los pulmones de Marley. ¿Kingsta Pac? Cayó al día siguiente de ganar lo del submarino, tras comerse cien dónuts de una sentada, del hambre que tenía. ¿Curtis Dubuá? Le atacaron en pleno bulevar cuando iba en su buga con una negra en cada brazo, tío. Ese negro gangsta tenía estilo.»
«¿Iba en una limusina?», preguntamos de nuevo al socio.
«No, en jodida bicicleta», nos contesta. «Con las dos negras jodemadres a cada lado, el equilibrio era jodidamente precario, y a la primera jodida bola de papel que le lanzaron, ¡zas!, se jodió todo. Joder, una jodida pena.»
«Mierda, negro, ya te digo», añade Shaggy. «El juego es duro, negros, no lo olvidéis. Si en Los Ángeles se tomasen el juego tan en serio como nosotros... ¡No vivirían en Malibú! Bastante tendrían esos negros raperos del continente (que, por cierto, no rapean una mierda) para encontrar una hamaca bajo un cocotero que no se les cague en la cabeza mientras duermen, ¿me pillas, negro? Eso es lo que quiero decir. Esa es mi negro, mierda. Digo, esa es mi mierda, negro. Es igual.»
Nos quedamos con la moraleja: Jamaica, un campo de batalla. Aun así, sigue siendo nuestra escena musical favorita del Caribe. No nos verán en República Dominicana ni muertos: músicos que hacen reguetón, eso sí que son malas personas.