Amy Winehouse muere joven y deja un cadáver bonito
Dentro de lo posible, vaya

Londres. — La cantante Amy Winehouse fue hallada el sábado a las cinco de la tarde en su apartamento de Camden Town con una resaca de las malas, malísimas. De las de quedarse muy dormido y sufrir rigor mortis. Tenía 27 años y ningún problema con las drogas. De hecho, ella y las drogas se llevaban estupendamente.
En fin. La noticia es triste y este no es lugar para panegíricos, pero sí lo es para intentar transmitir algo de buen humor a los muchos afectados por esta pérdida. Amy Winehouse tenía dos cosas que la hacían habitual en los medios, e incluso aquí: una adicción como un piano embarazado, y una voz de las que se dan una vez cada porrón de años. Estas dos cualidades venían en pack inseparable. Sí, podríamos desear una sin la otra; pero en el mundo del soul grandeza y autodestrucción suelen ir juntos. Hoy estamos tristes, porque alguien ha muerto muy joven, cuando podría habernos regalado mucho más (talento y chistes). Pero al menos nos ha dejado el talento. Eso es lo bueno; es lo que hace la noticia relevante. Hay ahí fuera un montón de yonkis y alcohólicos sin talento ni justificación alguna. Incluso gente sobria sin talento ni justificación alguna. A diferencia de ellos, Amy ha dejado un legado. Así que nos consolaremos escuchando Rehab. Algo es algo.