¿Quién dice que la crisis la sufren los pobres?
Tomad nota, lloricas egoístas: ¡El BBVA ha ganado menos!

Bilbao y Vizcaya (que ahora se escribe Bizkaia). -- Mucho hacernos las víctimas y fingir que cargamos el peso de la crisis nosotros solos, mucho indignarnos y mucho acampar, pero si os quedara un poco de vergüenza dejaríais de refunfuñar un minuto para oír el sereno llanto de un verdadero mártir. No protesta, no pancartea; lleva el dolor por dentro, pero si él no llora, la Comisión Nacional de Valores no puede guardar por más tiempo el terrible secreto: el BBVA está ganando este año un 7,5% ¡menos! que el 2010. ¡Ah, la consternación!
Sí, nos jactamos de apretarnos el cinturón y escribimos con orgullo cartas a El País contando nuestras desventuras, pero ahí están los del BBVA, viendo la evolución de sus gráficos, que no descienden, pero suben con menos ritmo, como un Alberto Contador desmotivadillo, y contemplan el trágico panorama haciéndose fuertes, sin un gemido. Sí, hemos oído historias de paro, de desahucios, de mendicidad, de canibalismo, pero la tragedia del BBVA nos ha tocado. ¡Ah, la pena! ¡Ah, el dolor! La esperanza se diluye; la fe se resquebraja. Una verdad tan inamovible como que los bancos siempre obtienen más beneficios que ayer pero menos que mañana, acaba de ser derruida. ¡Ah, crisis, de rodillas y con el puño en alto, nosotros te maldecimos!
Pensamos en esos banqueros y banqueras, obligados a arrastrar el iPhone 4 una semana después de salir el 5 y fingir que es por el gusto vintage. Forzados (¡Dios no lo quiera!) a tener cava en vez de champagne en el mueble bar del yate, y excusarse ante las visitas con la chorrada del producto patrio. Humillados (¡no! ¡no! ¡Crisis, toma a mis hijos, no a los bancos!), humillados a prescindir de su jet privado y viajar en bisnes! Perdonadme si estas líneas contienen algún gazapo; las lágrimas me impiden escribir.