Muchos lo sospechaban
Satán gestiona la publicidad de Spotify

Cuando hace escasos meses los responsables del popular programa de música ponían en práctica el conocido estratagema de los camellos en la puerta de los colegios ("hoy te doy la droga gratis, mañana tendrás que pagarla"), se las prometían muy felices. Sin embargo, el efecto no fue el deseado (resulta que los camellos no tienen a la competencia enfrente ofreciendo su mismo producto completamente gratis) y sólo una pequeña parte de su público optó por pagar por el servicio. Pero no todos los que se negaron a soltar el dinero se fueron, algunos permanecieron fielmente en el servicio a pesar de las muchas restricciones, algo con lo que aparentemente no contaban en la empresa sueca. Como ofrecer el servicio gratis no les sale a cuenta, no sólo inventaron un límite de diez escasísimas horas de música al mes, ni de cinco ridículas reproducciones por tema. Además, contrataron al mismísimo diablo para que escogiera personalmente la publicidad que aparece entre canciones y así hacerla extremadamente repulsiva. Y acertaron.
Lucifer aceptó encantado pues se conoce que en el infierno se aburre mucho entre tanta llama, ya que es un poco como Londres pero sin poder robar móviles de última generación. Y se puso manos a la obra, intentando encontrar los anuncios que más hirieran la sensibilidad humana. "El tipo que estaba antes hizo un gran trabajo, pues con él sonaba el último single de Melendi cada diez minutos, y yo no me creía capaz de superar eso", admite el demonio. Sin embargo, muchos creen que lo ha conseguido. Tanto es así, que estar escuchando una sonata de Bach y que de repente se oiga a toda castaña una versión de las Mama Chicho para intentar que juegues al bingo online ya está catalogado por la ONU como crimen contra la humanidad. Por no hablar de la chica aquella que conversaba con su padre (corrección: chillaba) y le decía que se había echado un novio hippie y se iba a dar la vuelta al mundo. Por mucho que busquemos, no encontraremos en el globo una mano tan grande como para darle a la muchacha la hostia que se merece. No obstante, Satán, autoexigente enfermizo, cree que aún está lejos de superar a su antecesor. "Interrumpir las canciones constantemente con los versos 'yo subo como la marea / tú bajas como la tensión' es una obra maestra sólo ejecutable por un genio absoluto del mal", opina. Razón no le falta.