Lloret de Mar no es Londres, pero poco le falta
Turismo de borrachera: nos visita la crème de la crème
No sabemos si preferimos a la juventud del Papa o a estos

Algunos de los famosos monumentos de Lloret.
¡Ah, Lloret de Mar! Esta bonita población bañada por el Mediterráneo recibe verano tras verano miles de turistas atraídos por la iglesia gótica de Sant Romà, por el castillo medieval de Sant Joan o por su extraordinario cementerio modernista. O a lo mejor, sólo a lo mejor, en realidad los guiris van allí porque el alcohol es muy barato, y hay muchas discotecas, y playa, y ya que cerca de su casa no follan creen que en la distancia van a tenerlo mejor. Como dice un chaval con una gorra mucho más grande que su cabeza en un vídeo visto en la web de 20 minutos, el objetivo es "beber, y ligar, y dormir con alguien". Y aunque hay afortunados que lo consiguen (nuestro amigo de la gorra grande tiene pinta de ser de los que no, la verdad), otros dedican sus esfuerzos (voluntarios o involuntarios) a vomitar por las calles, mear por las esquinas y romper mobiliario urbano. Que ya suponemos que la idea al ir allí no era esa (no imaginamos a nadie diciendo que el objetivo es "potar, mear y destrozarlo todo") pero el alcohol es muy traicionero, y no todo el mundo tiene la habilidad casi mágica de que su "Yo controlo" no desemboque en un "¡Eres mi mejor amigo!" mientras se abraza al desconocido que le acaba de vender una cerveza. O al poli que le acaba de detener.
Los vecinos, como es de suponer, no están muy contentos con la situación. Ya se han manifestado para protestar, pero la cosa no ha servido de mucho. El chaval italiano que por la noche se bebe cinco dubatas (italiano por decir una nacionalidad al azar, ¡que no se nos enfaden los italianos!) seguramente no reprimirá su impulso de pedir el sexto pensando "¡Mejor me detengo ahora! ¡La población de la ciudad no estaría de acuerdo con que yo siguiera bebiendo!". Los jóvenes se seguirán tajando a lo burro y Lloret seguirá siendo conocida no por su arquitectura, sino por a olor de orín que desprende por las mañanas. Y los señores empresarios que se enriquecen gracias al turismo de borrachera y que son los que deberían tener la conciencia de que probablemente no le están haciendo ningún bien al municipio seguirán enriqueciéndose con toda la tranquilidad del mundo. Pedirle a un chaval que se acaba de trincar dos litros de sangría que sea responsable es una ingenuidad. Pero tal vez sea aún más ingenuo pedírselo a según qué empresarios. Lástima que los borrachos no vayan a mearse en sus casas.