¡Entrevistamos al tendón de Aquiles del Rey!
Porque nos preocupa su salud, pero sobre todo porque nos pagan por hacer estas cosas

Interceptamos al tendón de Aquiles de Don Juan Carlos, y al resto de Don Juan Carlos a él acoplado, a la salida del hospital donde le intervinieron la noche del domingo. Mientras la prensa hablaba con el Rey, que siempre dice lo mismo, nosotros lo hicimos con el verdadero afectado:
—Alteza, un honor hablar con usted.
—Lo de alteza sobra, hombre. Si yo voy a dos centímetros del suelo, como mucho.
—Con tacones, ganaría.
—No le digo que no, pero un rey de España con tacones, ya me explicará. Esto, una persona pública no puede hacerlo. En privado, no le digo yo que no. Alguna vez, hace tiempo... En fin, ¿quién no ha jugado algún que otro día a probarse ropa de su mamá, no?
—Que se lo digan a Norman Bates. Oiga, dos operaciones de la misma pierna en tres meses: al Rey ya no deben ni de cambiarle las sábanas de la cama en el hospital, ¿no?
—Ya, pero es que son muchos años (muchos, no me acuerdo; pregúntele a la otra pierna, que esa controla), primero fue la prótesis de la rodilla, y ahora el tendón de Aquiles, que ya se sabe que es delicado. Imagínese, es por donde jodieron a Aquiles, sin ir más lejos.
—¿Por el tendón? ¡Huy, qué retorcido! Mira que había oído cosas obscenas de los griegos, pero...
—No, cojones, no literalmente; quiero decir que el tendón de Aquiles, como se sabe, representa la debilidad del hombre poderoso; en este caso, del Rey.
—Yo tenía entendido que la debilidad del Rey eran las rubias.
—Mire, ahí no entro, que ya está usted pisando terreno resbaladizo.
—Pues si lo dice el tendón de Aquiles, será verdad, porque ve el terreno más de cerca. Gracias, bajeza.
—De nada, majetes.