Aguirre, los profes, la carta y tal
«Duendes de la 'technicality'»: ¡ojalá siempre fuera culpa suya!

Madriz. -- La cosa empezó con la coña de unos profesores de la Comunidad de Madrid que, al recibir la carta que Esperanza Aguirre envió a 21.000 maestros para justificarles los recortes en las escuelas, la publicaron en Internet con las faltas de ortografía corregidas y varias amonestaciones sobre su redacción. El cachondeo fue gordo en los medios, aun cuando pasó bastante más desapercibido que el profesor se pasó de listo y corrigió un error que no era tal (ese «cómo» es adverbio interrogativo y lleva acento: véase DRAE: como, acepción 2, entrada 7; y ya que estamos, hiperlistos, no nos la cojamos con papel de fumar: no hace falta decir 'tilde' por 'acento': véase DRAE: acento, entrada 2).
Sin embargo, la hilaridad tocó techo ayer, cuando Aguirre echó balones fuera asegurando que la carta salió de su despacho bien escrita y culpando de las erratas a los legendarios duendes de la imprenta, a los que llamó, para despiporre del Departamento de «Español al día», «duendes de la technicality». Y ojo, que posiblemente tenga razón: que solamente falten los acentos en las aes, pero no en ninguna otra vocal, apunta a pifia tipográfica.
Pero no culpemos a los duendes. Los duendes han jugado a Aguirre una mala pasada, es verdad; pero los mismos duendes, moviendo acentos y haches al azar, jugarían en favor de la inmensa masa semianalfabeta que, sin dudar por un instante de su opulencia cultural (consultar el diccionario es de maricas, ya se sabe) se pone diariamente al frente de un teclado y comete aberraciones por las que Don Miguel de Unamuno se revolvería en su tumba y Valle-Inclán, menos conformista, se levantaría de la suya para ir a casa del tarugo en cuestión y darle una colleja de las que hacen sangre. Y eso con los que solo pecan de ignorancia; no hablemos de los semianalfabetos cretinos que ven el acento (perdón, la tilde) en el ojo ajeno y no el haber-en-lugar-de-a-ver en el propio.
En cuanto al error, volviendo al cartagate, sobre la jornada laboral de los profesores (se decía que eran 20 horas cuando son 37,5), Aguirre se ha limitado a decir que quien tiene boca se equivoca. No dejen de comprar El Jueves por lo que viene ahora, pero Esperanza tiene razón. Errar es humano; los humanos yerran. (Con ese verbo la cagué yo el otro día, sin ir más lejos.) La conclusión de este rollo no es «no cometan errores». Es más bien «cuidemos la escritura, que en Internet dice más que el avatar; dudemos, consultemos el diccionario y, sobre todo, no seamos cretinos». Que los duendes no siempre van a asumir las culpas en silencio.