Cristiano: «Me silban porque soy guapo, rico y bueno.» Y humilde, ¡no olvides humilde!
Claro que tu teoría no explica por qué no silban, por ejemplo, a Guardiola

Zagreb, que es la capital de Croacia. -- Tras la primera victoria de Champions contra el Dinamo de Zagreb, el caballo blanco se puso el traje de pollito negro y cantó su letanía: que nadie le quiere. Claro que los silbidos constantes de la afición rival (no sólo en el estadio de Maksimir, sino vaya donde vaya, pronto incluso en el cine) son para minarle la autoestima a cualquiera. Pero no a Cristiano Ronaldo, que tiene una autoestima antimisiles y ya ha dicho que «me silban porque soy guapo, rico y juego bien, y la gente está celosa».
CR7 aprovechó para quejarse también del arbitraje, que toleró unas patadas dignas de Chun Li en el primer día de regla. (Jar, jar, miradme, un chiste truño; a los lectores futboleros ya les caigo un poco mejor.) Diríase, en definitiva, que Cristiano sufre el síndrome del crack. Ha pasado con todas las estrellas, en todos los equipos: los rivales van a por sus peronés, ellos notan la tensión, y se dan cuenta de que un gran poder conlleva una gran responsabilidad; que son valiosos, pero también frágiles, como una estatuilla de Lladró (bueno, salvo por lo valioso), y se convierten en estrellas víctimas. Y se quejan mucho. Hasta con razón, pero se quejan mucho. Oigan, que el muchacho salió de Zagreb con tres puntos de sutura en el tobillo. Pero el ego intacto, eso sí. Respiramos tranquilos.