Lo de Jobs y tal
Bajo una lápida de cantos redondeados y táctil

Palo Alto, CA -- Por el indigesto volumen de chistes sobre el tema que circulan por Internet, sólo comparable a los que se crearon después del 11-S y otras situaciones trágicas que nos vamos apuntando para la próxima vez que el tontaina de turno nos diga «hay cosas de las que no se puede hacer humor», todos conoceréis la noticia. Steve Jobs, el de Apple, ha muerto. Rogamos un minuto de silencio y un «mecachis» entonado con el corazón.
Qué decir de Steve Jobs. En América caía bastante bien por el mito aquel del señor que empieza en un garaje y acaba construyendo tres garajes más porque no le caben los deportivos. Pero aparte de esa admiración al triunfador, de una forma que sólo la rivalidad en la carrera tecnológica y el principio de la terapia de grupo permiten entender, Jobs era objeto de un fenómeno fan desproporcionado. En la era de la revolución informática, no basta con disfrutar de los adelantos; hay que militar en un equipo. Y los que militan en Apple adoran a Steve Jobs como a un dios de múltiples brazos.
¿Por qué? Quizá porque Apple ha sido siempre la minoría bien vista, menos masiva que el PC, Microsoft y Windows, cuyos usuarios son muchísimos más, pero porcentualmente respetan muchísimo menos al que debiera ser su líder espiritual, Bill Gates. O porque, a diferencia de Gates, que parece un extra gris de Revenge of the Nerds, Jobs tenía un carisma de la hostia; salía ahí a hablar en tejanos y bambas, y hasta el cáncer de páncreas parecía sentarle bien, como si lo hubiera encontrado en la planta de moda casual. Sus filias (aparatos de diseño minimal, elegantes, de los que te hacen pensar mientras los usas «dios, qué cool soy») fueron contagiadas a sus adeptos, capaces de hacer cola de madrugada por un iPhone. (Lo diremos una y otra vez: las colas en un concierto tienen lógica porque el aforo es limitado; NADIE se va a quedar sin iPhone porque Apple decida que «ya no vamos a hacer más, estamos hartos de ganar dinero». Maqueros, dejad de salir en mi telediario haciendo el pena.)
En cualquier caso, hoy los fans de Jobs están tristes (iSad es uno de los hashtags popularizados en las últimas 24 horas), y nosotros respetamos eso. Y como nos empeñamos en poner optimismo en el corazón de la gente como Jobs se empeñaría en poner bordes redondeados a una puerta, proponemos: ¿se ha pensado ya en canonizar a Steve Jobs? ¿Está en marcha el proceso? ¿Podemos acelerarlo mandándole un iPhone al papa? ¿Hacemos ya la lista de milagros? Veamos, ¿«curar enfermedades»? Hmm. Esa no. Colgada pa septiembre.