Consejos para salir de la crisis
ENANO mUF
Aunque dice Sarkozy que España no está en el lado oscuro de la crisis, es bien cierto que tampoco estamos como para celebrar nada. Dicen en Europa que nuestros bonos no valen tanto como antes. Coño, ni nuestros Bonos, ni nuestros Chavez, ni nuestros Rajoys... pero es lo que tenemos. Llega la hora de buscarse las lentejas, probablemente las caducadas que tiran a los contenedores de los supermercados. Aunque nos multen con 750 euros, como pretende alguna concejala madrileña.
En nuestra lección de hoy, por tanto, daremos una serie de consejos prácticos que os servirán para llenar el plato. Nos ocuparemos de cómo financiarnos mediante el secuestro de un cooperante o dos.
En principio, esto puede parecer difícil. Pero si lo hacen en cualquier país africano mal comido y sin educación, nosotros deberíamos ser capaces.
Lo primero que necesitamos es un piso franco, una casa vacía y solitaria donde podamos alojar a los secuestrados sin llamar la atención. Como no tenemos una kabila en medio del desierto, lugar siempre discreto, usaremos lo que abunda en España. Es decir, nos buscaremos una urbanización de lujo, de esas abandonadas por impago de hipotecas y problemillas de financiación en la segunda fase de construcción. Seleccionado el piso, partimos la cerradura a leches, o bien la abrimos con una tarjeta de crédito. El segundo método, más fino, tiene la ventaja de que las tarjetas de crédito en este país no valen para otra cosa, y si se rompen no perderemos nada.
Ocupado el piso franco, buscaremos a un cooperante, una de esas generosas personas humanas que vive de dar a los demás. Puede parecer peliagudo pero, creedme, cada día hay más de esos ayudando en oeneges al lado de nuestra casa, porque cada día hay más parados y gentes sin recursos. Así que se trata de apostarse –para los de la reforma educativa, quedarse quieto y escondido- junto a Caritas, los contenedores del Carrefour o alguna asociación cuyo nombre termine por “sin Fronteras”. Menos junto a “Aduaneros sin Fronteras”, con estos no sabes si son ONG o tíos en paro.
Seleccionamos al cooperante a secuestrar, al que distinguiremos porque va vestido de Coronel Tapioca, y le obligamos a acompañarnos. No suele ser necesario coaccionar ni amenazar, vale con decirles que vamos a entrevistarles para la radio local o así, que les gusta mucho.
Como es fácil que no tengamos coche, iremos en el suyo. Un todoterreno en el que en la puta vida han metido el cuatro por cuatro, con unos focos adicionales que el cooperante suele encender por equivocación cuando quiere darle a los limpias.
Es importante, claro, anular el GPS para que la policía no pueda seguir la pista al vehículo. Claro que, tal y como funcionan la poli y los GPS´s en España, tampoco pasa nada por dejarlo como está.
Con el cooperante ya metido en el piso franco, sólo hay que hacer una llamada anónima a las autoridades, identificándonos como la rama Al-Andalus de Al Qaeda, y pedir un rescate jugosito. No amenacemos de muerte, que es feo y poco cívico. Amenacemos con ir a los periódicos, que eso a los políticos les jode más.
En cuanto al rescate, nada de pedir cuatro perras. Hay que delinquir para arreglarse la vida, como el Dioni o los concejales de urbanismo. Pediremos un contrato indefinido en realitys para contar nuestra historia hasta la nausea, que es lo que da de comer y de vivir.
Y como última precaución, guardando al secuestrado dejaremos a nuestro hijo, sobrino o similar, el más pequeño de la casa, para que vaya aprendiendo un oficio y para que, en caso de detención, se libre de la cárcel y nos dé de comer hablando en la prensa de lo mal que está la educación, ahí el niño reteniendo a un señor con el cuchillo jamonero y ningún profesor ha llamado para quejarse...