Garzón cambia la toga y el mazo por el mono de trabajo
El Supremo le inhabilita 11 años por las escuchas de la trama Gürtel al grito de «Garzón, cabrón, trabaja de peón»

A ver, su DNI, por favor. Baltasar Garzón, muy bien. Veo que tiene todos los papeles en regla. Perfecto. ¡Pues bienvenido al INEM, sr. Garzón! Veamos si podemos ayudarle a encontrar trabajo. Déjeme echar un vistazo a su currículo… ¡Joder! ¡Si parece la Biblia! ¡Cuanta experiencia, señor Garzón! Es una pena. Una auténtica pena. Antes de la crisis su currículo le habría abierto todas las puertas, pero ahora… ¡Ay, ahora! Las empresas solo buscan semianalfabetos brutalizados que trabajen de sol a sol por cuatro perras. Pero que no cunda el pánico, sr. Garzón. Seguro que encontramos un trabajo adecuado a sus virtudes.
Aquí pone que tiene una gran experiencia en realizar escuchas telefónicas y soportar insultos. ¡Maravilloso! Tenemos un trabajo perfecto en un sector en alza: teleoperador. Usted se planta delante del teléfono y atiende a todos los clientes. Si se cagan en su puta madre (que se van cagar, se lo advierto) usted hace oídos sordos y les ofrece cualquier chuchería. Que si un móvil nuevo, que si un descuento irrisorio. Lo que sea con tal que se vayan contentos. Que no es difícil, eh. Que el consumidor se baja los pantalones por nada, no vaya a creer usted.
¿Cómo dice? Ya, claro, le parece un trabajo demasiado sencillo para su cualificación. Bueno, la verdad es que ahora la mayoría de teleoperadores son latinoamericanos, y también necesitamos supervisores que escuchen cómo atienden al cliente y les digan como mejorar el servicio. En su currículo pone que usted promovió una orden de arresto contra el dictador chileno Augusto Pinochet, o sea que ya tiene experiencia en decir a la gente de Latinoamérica cómo debe hacer las cosas.
¿Tampoco le convence? Pues vaya. No sé. ¿No le gustaría trabajar de tertuliano político? Podría hacer lo mismo que ahora: denunciar a todo quisqui, echar pestes de sus contertulios, juzgar moralmente a la sociedad desde su tribuna de autoridad. Y escuche, escuche, que ahora viene lo mejor: ¡también podrá contradecirse, eh! ¡Que a la mañana siguiente todo lo que dijo el día anterior estará olvidado! Y tan amigos. Nadie le pedirá cuentas. Que la tertulia política es como la tertulia del corazón, pero para gente con estudios. Ruido de fondo para licenciados.
¿Que no? Pues bueno, dígame usted qué busca, exactamente, sr. Garzón. Ah, que lo que le interesa es convertirse en político. Pues nada, hombre, lo tiene usted más fácil que nunca, porque en España la justicia y la política vendrían a ser exactamente lo mismo. ¡Enhorabuena!